La fantasía abandonada de la razón
produce monstruos imposibles;
unida con ella es madre de las artes…
Francisco de Goya
· Capricho 43 ·
Aldo RUFFINATTO
Tríptico del ruiseñor.
Berceo, Garcilaso, San Juan
Vigo, Editorial Academia del Hispanismo,
2007, 176 pp.
ISBN 978-84-935541-6-3
En el jardín de las delicias delineado por Gonzalo de Berceo al comienzo de los Milagros de Nuestra Señora no podía faltar por supuesto el ruiseñor, desde siempre universalmente famoso por la perfección de su canto.
Sin embargo, el juego de las correspondencias que requiere el cuadro alegórico incorporado en el jardín sugiere que el plano referencial se traslade sin solución de continuidad del reino animal al dominio de los hombres y, en especial, al de los poetas: no es difícil, en efecto, reconocer en el “roseñor que canta por fina maestría” al versificador dedicado a la tarea de componer sus versos según los severos preceptos del mester de clerecía. Un mester que en el Libro de Alexandre se adorna con los títulos de “fermoso” y “sin pecado” y que exige precisamente “grant maestría” en lo concerniente a la computación de sílabas, versos y estrofas.
El conjunto de estos asuntos dibuja el perfil del primer ruiseñor del tríptico, a quien sigue, en calidad de segunda representación del mismo sujeto, el poeta toledano Garcilaso de la Vega.
Con referencia a algunos de sus poemas se examinan en esta circunstancia las variantes que ofrecen los testimonios y, en especial, la varia lectio del así denominado Cancionero de Lastanosa-Gayangos, un manuscrito redactado posiblemente en la segunda mitad del siglo XVI que, según algunos especialistas, exhibiría lecturas más cercanas al original que las certificadas por las editio princeps del año 1543.
La investigación filológico-textual que aquí se lleva a cabo con el apoyo de un sólido armazón ecdótico tiene capacidad para dar una respuesta definitiva a los problemas planteados por las variantes y, al mismo tiempo, permite evidenciar el doble papel que ejerce el modelo petrarquesco sobre Garcilaso y sus copistas, respectivamente.
No se alejan mucho de éstas las directrices que describen el perfil del tercer ruiseñor del tríptico: san Juan de la Cruz. Vuelve a plantearse aquí una cuestión ecdótica de gran importancia, la que se desprende de la doble redacción del Cántico Espiritual, identificada por los filólogos con las siglas A y B (Cántico A y Cántico B). Una de las dos redacciones resulta ser más breve, la otra añade una estrofa a las treintainueve de la primera, además de presentar una disposición de las estrofas distinta: ¿qué ha ocurrido? ¿Tenemos que ver con una doble redacción de autor (es decir, con una refundición del texto más breve realizada por el propio San Juan), o bien con modificaciones debidas a la intervención voluntaria de un copista? Y si fuera intervención del copista, ¿a cuál de las dos versiones se le debe conceder el título de auténtica?
A todas estas preguntas intentamos contestar aquí pero no actuando en el plano propiamente técnico de las valoraciones ecdóticas, sino más bien desde la perspectiva de un análisis semiótico del texto poético, prestando especial atención a la trama sutil creada por los significantes. En resumidas cuentas, el Tríptico del ruiseñor pretende demostrar cómo la interacción entre los instrumentos ecdóticos y los semióticos puede llevar a resultados sumamente interesantes tanto en lo referente a la restauración filológica del texto (facilitando una aproximación científica a la fisonomía del original), como en lo que concierne al aspecto más propiamente hermenéutico, proporcionando utensilios bien calibrados para la interpretación.
Aldo Ruffinatto
Suscríbete gratuitamente
a la lista de correo
más completa del Hispanismo,
y envía
a más de 800 hispanistas
las noticias académicas
que estimes de interés
con un sólo correo electrónico:
→ academiasofia@
listserv.rediris.es
Editorial
Academia del Hispanismo,
la editorial de los hispanistas
20/11/2011
Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos, creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.
Estamos en el cielo de los versos.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza;
el vigor verdadero
reside en la cabeza.
Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
¡Hacedla florecer en el poema!
Sólo para vosotros
Viven todas las cosas bajo el sol.
El poeta es un pequeño Dios.
Vicente Huidobro
19/02/2012
04/02/2012
20/01/2012
04/01/2012
17/12/2011
28/11/2011
17/11/2011
06/11/2011
