Detalle de la publicación

Germán CÁNOVAS y Carme RIERA (eds.)
Homenaje a Carlos Barral
Homenaje a Carlos Barral
Barralianas
Precio: 39,00 €
Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2010, 186 pp
ISBN 978-84-96915-95-4


HOMENAJE A CARLOS BARRAL

Agradezco mucho a los organizadores de este congreso que hayan pensado en mí como participante en alguno de los encuentros programados. Y lo celebro por varios motivos: porque mantuve con Carlos Barral una amistad sin fisuras, porque fue el editor de mis dos primeras novelas y de mis primeras poesías completas y porque, antes incluso de la publicación de su libro Metropolitano, lo tuve como a uno de los más claros exponentes de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX. Cuando yo conocí a Barral, hacia 1955, sólo había publicado un primer registro poético de extrema lucidez, Las aguas reiteradas, creo que en la revista Laye (que me corrija Castellet si me equivoco). Ya era Barral por entonces el más solvente editor español y uno de los más conspicuos profesionales europeos del ramo. Ni siquiera hace falta recordar que su labor no consistía en traspasarle ninguna clase de euforia a la cuenta de beneficios de la empresa familiar.

Tampoco es que descartara de antemano esa posibilidad, pero su cometido o lo único que realmente lo alentaba era facilitar a la sociedad lectora española un catálogo indispensable, riguroso de las literaturas contemporáneas universales. Tropezó, por supuesto, con no pocos escollos censorios y con las correspondientes llamadas empresariales al orden. Pero él no cejó y ahí ha quedado incólume el paradigma de su gestión editorial, un paradigma que quizá oscureciera un poco entonces su notable trabajo como escritor.
Yo creo que Barral, con Ferrater y Gil de Biedma, formaban el más eminente triunvirato de la literatura peninsular de mediados del siglo XX. Doctos, seductores, egocéntricos, petulantes, fundaron a mi entender un núcleo de especial relevancia en la regeneración cultural del país. No me refiero tanto a su actividad poética, eminente por lo común, sino a la significación global de una obra que ejemplifica par excellence el cultivo de las ciencias humanas del último medio siglo y no sólo en la órbita española, pues queda de hecho enmarcada, sin ningún perceptible desnivel, en la mejor tradición literaria europea. Decía Vázquez Montalbán que, cuando él veía venir por la calle a Barral o Gil de Biedma, cruzaba a la acera de enfrente para no correr el riesgo de tropezar con la literatura. No era mala idea.

José Manuel Caballero Bonald

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