David Roas

25/10/2011 | Observatorio del Hispanismo

David Roas

«Cualquier historia fantástica está vinculada con el miedo»

David Roas, galardonado con el IV Premio Málaga de Ensayo “José María González Ruiz”
por su obra Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico.

El Jurado premia su obra porque «frente a la imagen habitual de lo fantástico,
este ensayo novedoso, propone cuatro categorías para delimitar la noción de la literatura fantástica.
Sugiere una visión renovada y clarificadora de este tipo de literatura».

La Editorial Páginas de Espuma publicará la obra en septiembre de este año.

 

1. ¿Si no existiera el miedo no habría literatura fantástica?

Lo fantástico se nutre de nuestros miedos, tanto de los más atávicos como de los que vamos creando a lo largo de la historia. Aunque yo invertiría el sentido de tu pregunta: no es que lo fantástico dependa del miedo, sino que ese es su efecto esencial: provocar la inquietud del receptor, que surge ante la incapacidad de concebir la coexistencia de lo posible y lo imposible, conflicto básico que define el funcionamiento de lo fantástico. Pero no hay que olvidar que el miedo no es exclusivo de lo fantástico, pues éste aparece en muchos tipos de obras literarias y cinematográficas, como por ejemplo todas aquellas en las que éste se crea por medios naturales: el thriller, las historias sobre psicópatas, sobre catástrofes naturales, sobre ataques de animales (hormigas, arañas, murciélagos, tiburones, etc.). Pero hay una forma de miedo que, a mi entender, es propia y exclusiva de lo fantástico: lo que denomino “miedo metafísico”, que se produce cuando nuestras convicciones sobre lo real dejan de funcionar, cuando nos enfrentamos a lo imposible.

David Roas es autor del libro titulado

→ De la maravilla al horror.
Los orígenes de lo fantástico en la cultura española (1750-1860)

distribuido por Editorial Academia del Hispanismo

2. ¿Qué es el miedo? ¿Una experiencia psicológica nada más?

Casi he respondido a ello con mi respuesta anterior: el miedo propio de lo fantástico (metafísico) no es sólo una experiencia psicológica (como también lo es el miedo ‘físico’, el que nace ante la amenaza física que puede dañarnos o matarnos), sino una reacción intelectual: el relato fantástico sustituye la familiaridad por lo extraño, nos sitúa inicialmente en un mundo cotidiano, normal (el nuestro), que inmediatamente es asaltado por un fenómeno imposible –y, como tal, incomprensible– que subvierte los códigos –las certezas– que hemos diseñado para percibir y comprender la realidad. En definitiva, destruye nuestra concepción de lo real y nos instala en la inestabilidad y, por ello, en la absoluta inquietud.

3. Alguna vez se ha dicho que lo fantástico es expresión de un mundo natural intervenido por un acontecimiento sobrenatural (un caballo que se convierte en un unicornio), inexplicable a la razón humana, y en cierto modo amenazante o intimidatorio. Por su parte, se advierte que lo maravilloso sería la expresión de un mundo sobrenatural en el que lo extraordinario es completamente natural (dragones, gigantes, magos, hechiceros, criaturas irreales, etc.) ¿Son aceptables tales interpretaciones?

Estoy totalmente de acuerdo con esas definiciones, aunque no con el ejemplo del unicornio, pues esa una figura típica del cuento maravilloso, donde dicho ser es ‘natural’. Mejor pensar en un fantasma, en un vampiro, en un doble… La diferencia esencial entre lo fantástico y lo maravilloso se halla en la presencia o no de ese conflicto entre lo real y lo imposible al que antes me refería. El mundo maravilloso es un lugar totalmente inventado en el que las confrontaciones básicas que generan lo fantástico (posible/imposible, ordinario/extraordinario, real/irreal) no se plantean: encantamientos, milagros, metamorfosis, todo es posible dentro de los parámetros físicos de ese espacio maravilloso, lo que justifica que los personajes —y el narrador— asuman lo que ocurre sin cuestionarlo. Porque es algo normal, natural. Y, a su vez, el lector lo acepta también porque no hay nada en el texto que le obligue a confrontar lo que en él sucede con su propia experiencia de lo real: los espacios en los que se ambientan los cuentos de hadas o El Señor de los Anillos son mundos autónomos que no ponen en cuestión nuestra noción de realidad. No hay en ellos posibilidad de transgresión ni, por tanto, efecto fantástico sobre el receptor.

4. ¿Qué literaturas o dominios literarios nos ofrece un mayor número de obras de literatura fantástica?

No creo que haya literaturas mejor o peor dotadas para lo fantástico. Hasta donde yo alcanzo, existe (y ha existido) una importante producción fantástica tanto en las literaturas europeas, como en las americanas y en las orientales.

5. Los libros de caballerías…, ¿son literatura fantástica o maravillosa?

Maravillosa, sin duda. Por una cuestión fundamental que tiene que ver con la relación con lo sobrenatural que tiene el lector de esa época, muy diferente de la que se desarrolla en el mundo moderno y posmoderno. El horizonte de expectativas de un lector medieval asume con ‘normalidad’ la presencia de lo sobrenatural, entendido como algo extraordinario pero posible. Evidentemente, ello no implica que los lectores creyeran a pies juntillas en gigantes o dragones, pero sí que su horizonte era mucho más amplio que el actual, por lo que tales seres no provocan ese conflicto ‘metafísico’ entre lo real y lo posible al que antes me refería y que define a lo fantástico. En ellos no hay una transgresión de la concepción de lo real.

6. Y los relatos bíblicos y veterotestamentarios, ¿está en ellos el origen de la literatura fantástica?

Conociendo muy poco dicho asunto, yo diría que no, por una razón semejante a la que he expuesto en relación a los libros de caballerías. En este caso (y acudo a las sagaces tesis de Susana Reisz) sobre la ficción fantástica: los relatos bíblicos se basan en una legalidad admitida como un PRV («posible según lo relativamente verosímil») codificado por el sistema teológico y las creencias religiosas dominan­tes. De nuevo, no hay en tales textos transgresión alguna de los parámetros de realidad: es algo extraordinario, pero posible.

7. Vd. es autor además de varias obras de cuentos fantásticos. ¿Es fácil combinar la teoría literaria con la creación de obras literarias? ¿No hay interferencias que obstaculicen una u otra labor, la creativa y la teórica?

Bueno, todo se trata de que Jekyll (el teórico) y Hyde (el escritor) no se entorpezcan demasiado, y creo que —hasta ahora— la convivencia no va mal. Porque siempre trato de que sus fuerzas se combinen pero no se invadan. Evidentemente, cuando escribo ficción soy consciente de las cuestiones teóricas que se cruzan en mi camino, pero ellas no mandan.

 

Semblanza

David Roas (Barcelona, 1965) es escritor y profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona. Especialista en literatura fantástica, Roas ha dedicado a este género diversas obras, entre las que cabe destacar los siguientes ensayos: Teorías de lo fantástico (Arco/Libros, Madrid, 2001), Hoffmann en España (Biblioteca Nueva, Madrid, 2002), De la maravilla al horror. Los orígenes de lo fantástico en la cultura española (1750-1860) (Mirabel, Vilagarcía de Arousa, 2006) y La sombra del cuervo. Edgar Allan Poe y la literatura fantástica española del siglo XIX (Devenir, Madrid, 2011). Asimismo, ha publicado varias antologías dedicadas a la narrativa fantástica española de los siglos XIX y XX: El castillo del espectro. Antología de relatos fantásticos españoles del siglo XIX (Círculo de Lectores, Barcelona, 2002); Cuentos fantásticos del siglo XIX (España e Hispanoamérica) (Marenostrum, Madrid, 2003); y, en colaboración con Ana Casas, La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX (Menoscuarto, Palencia, 2008). En julio de 2011 ha recibido el IV Premio Málaga de Ensayo “José María González Ruiz” por su libro Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (que publicará la editorial Páginas de Espuma en septiembre de este año).

Como escritor combina asuntos propios de lo fantástico con lo grotesco y lo absurdo, siempre en busca de una distorsión de lo real a medio camino entre lo inquietante y lo burlesco. Es autor del libro de microrrelatos Los dichos de un necio (Los Trabajos de Sísifo, Manresa, 1996; reeditado en soporte digital, Digitalia, Nueva York, 2010), la novela negra Celuloide sangriento (Diari de Sabadell, 1996; reeditada en soporte digital, Digitalia, Nueva York, 2011), los volúmenes de cuentos y microrrelatos Horrores cotidianos (Menoscuarto, Palencia, 2007; publicada también en Borrador Editores, Lima, Perú, 2009) y Distorsiones (Páginas de Espuma, Madrid, 2010), y el libro de crónicas humorísticas Meditaciones de un arponero (e.d.a. libros, Málaga, 2008). Algunas de sus narraciones han sido recogidas en las antologías Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera (Montesinos, Barcelona, 2005), Mutantes. Narrativa española de última generación (Berenice, Córdoba, 2007), Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual (Salto de Página, Madrid, 2009), Por favor, sea breve 2. Antología de microrrelatos (Páginas de Espuma, Madrid, 2009), Más por menos. Antología de microrrelatos hispánicos actuales (Sial, Madrid, 2011), y Los oficios del libro (Libros de la Ballena, Madrid, 2011).

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