El pensamiento de Pablo de Tarso

21/07/2015 | Crítica Bibliográphica

Antonio PIÑERO
Guía para entender a Pablo de Tarso.
Una interpretación del pensamiento paulino,

Editorial Trotta, Madrid, 2015, 576 pp.
ISBN: 978-84-9879-586-8

 

Reseña de Jesús G. Maestro
Universidad de Vigo

Sin duda alguna estamos ante uno de los libros más importantes de la historia del cristianismo antiguo, porque plantea una reinterpretación de algunos puntos decisivos del pensamiento paulino. Pablo de Tarso, con su concepción de la figura y misión de Jesús de Nazaret, es el fundamento del cristianismo, cuyo nacimiento —ciertamente después de la muerte de Jesús, ya que este no fue un cristiano, sino un judío preocupado por reformar su religión y anunciar la venida del reino de Dios sobre la tierra de Israel— se debe básicamente al pensamiento de Pablo. Su influjo en la interpretación de Jesús como mesías/cristo se hizo absolutamente decisivo cuando los cuatro evangelistas (incluidos Mateo y Juan, que presentan puntos de vista aún más judíos que Marcos y Lucas) decidieron poner como fundamento de su presentación del Jesús terreno el punto de vista paulino acerca del sentido de su nacimiento, vida pública, muerte, resurrección y exaltación a los cielos, fundamento que en parte proyectaron sobre la vida de este mismo Jesús en la tierra.

No está dicho todo sobre Pablo de Tarso, a pesar de que desde san Agustín, y sobre todo desde Martín Lutero y la Reforma, se hayan escrito centenares de libros sobre él. Ni siquiera queda claro, como se afirma con rotundidad, que Pablo fuera el “segundo fundador del cristianismo”, puesto que consta con certeza que jamás quiso implantar religión nueva alguna. Desde 1970 ha surgido una potente y nueva corriente de interpretación de la teología de Pablo, a cuyo frente están sobre todo teólogos evangélicos independientes e historiadores judíos del pensamiento israelita, que pone en cuestión opiniones sobre el Apóstol aparentemente asentadas durante siglos: ¿puede sostenerse hoy que todo, o parte de, Pablo ha sido malentendido durante más de dieciocho siglos? ¿Fue el pensamiento de Pablo exclusivamente judío a pesar del entorno de su nacimiento y formación escolar en un mundo griego? ¿Abandonó Pablo la ley judía? O bien, ¿se comportó siempre, incluso externamente, como un judío practicante? ¿Es posible defender que paganos y judíos se salvan no por creer en Jesucristo, sino por imitar sus actos de fidelidad? ¿Rompía la posible divinización de Jesús por parte de Pablo el monoteísmo estricto de Israel?

Responder claramente a estas y otras cuestiones candentes son el núcleo de esta Guía para entender a Pablo. Una interpretación del pensamiento paulino, escrita en diálogo con el pensamiento exegético y la discusión científica más viva y actual. El autor completa con este libro las nociones básicas sobre la teología paulina que había expresado sintéticamente en la Guía para entender el Nuevo Testamento, publicada también por Trotta en 2006, y cuya quinta edición está a punto de salir. Para ayudar a la comprensión de todos los lectores, esta Guía de Pablo está escrita con la misma claridad y sencillez de lenguaje que la Guía para entender el Nuevo Testamento. Pero la materia en sí es más difícil en conjunto, porque el pensador, Pablo, cuyas nociones centrales tratan de aclararse en este libro, es muy denso conceptualmente.

El corpus paulino dentro del Nuevo Testamento consta de catorce cartas. Pero casi unánimemente la crítica actual reconoce que solo siete (1 Tesalonicenses, Gálatas, 1 2 Corintios, Filipenses, Filemón y Romanos sin auténticas. El resto, en total otras siete (2 Tesalonicenses, Colosenses, Efesios, 1 2 Timoteo Tito y Hebreos), fue compuesto por los seguidores de Pablo, quienes pusieron tales cartas bajo el amparo de su nombre. Reducido a términos informáticos modernos, el legado auténtico de Pablo, tal como nos ha sido transmitido por la mano de un misterioso editor de principios del siglo II, tiene unos 49 folios en letra Times New Roman, cuerpo 12, a especio y medio. Es decir, bastante pequeño. De este monto de páginas hay unas 39 inteligibles, a pesar de su notable densidad teológica y retórica. Pero hay unas diez (me refiero no a 10 seguidas, sino sumando los párrafos) que, o bien son ininteligibles en el fondo, o bien están en total contradicción con lo que el autor ha informado / escrito en otros pasajes. La contradicción es tal, que se han escrito libros enteros sobre la incongruencia / incoherencia de Pablo, de entre los cuales el más famoso es el de H. Räisänen, Paul and the Law, Mohr-Siebeck, Tübingen, 1983. Carlos Gil Arbiol, un moderno teólogo español que enseña Nuevo Testamento en la Universidad de Deusto, ha escrito en su libro Qué se sabe de… Pablo de Tarso en el naciente cristianismo, Verbo Divino, de 2015, que entre las “claves” para entender a Pablo (p. 25, nº 3) es muy importante la siguiente: “Hay que aceptar la ambigüedad e incoherencia de Pablo”.

Ciertamente la ambigüedad podría aceptarse, dado que los escritos de Pablo son cartas de circunstancias, no tratados; que se han perdido algunas de las misivas que salieron de su mano; que no han llegado hasta nosotros las cartas que le habían enviado sus corresponsales; que no tenemos ni idea de cuál fue exactamente la predicación oral de Pablo en las semanas, meses o años que estuvo en las comunidades que había fundado, y que —apresurado íntimamente por el fin del mundo inminente según él creía— escribió solo lo que era más perentorio para sus comunidades. Pero no se puede aceptar su “incoherencia” ni siquiera a priori.

Si Pablo hubiese sido un pensador incoherente, jamás habría tenido los discípulos que tuvo, y nunca —con el paso del tiempo— se habría desarrollado el cristianismo naciente a partir de sus enseñanzas. A priori no puede pensarse que un tipo genial como Pablo, y con tanto éxito, fuera “incoherente”. Jamás. Lo que ocurre es que nos faltan las claves exactas para entenderlo bien. O mejor: hay que leer tales claves entre líneas a partir de una lectura de sus cartas (en griego, y centenares de veces algunos de sus pasajes, relacionándolos sin cesar unos con otros), consultando el judaísmo de su época y no dejando de considerar los escritos de sus discípulos —entre los que se hayan los cuatro evangelistas canónicos, como ya hemos indicado, para asombro de muchos—, de modo que tarde o temprano pueda atisbarse cuál es la clave central de interpretación de los pasajes difíciles.

Estos pasajes paulinos “imposibles” se refieren prácticamente en todos los casos a la comprensión de la ley de Moisés por parte de Pablo, y a su aplicación a los paganos, conversos al mesías de Israel. En absoluto afectan a la naturaleza del mesías Jesús por parte del Apóstol, aunque aún hoy día no se pueda precisar sus líneas de interpretación al cien por cien. Pero hay una cosa cierta: Pablo jamás fue perseguido por los judíos a causa de su cristología (doctrina de Jesús como cristo o mesías), sino por sus interpretaciones de la Ley y la aplicación de esta a los gentiles / paganos conversos a la fe en Jesús. Y ahí radica sin duda el meollo de la cuestión.

Antonio Piñero confiesa que durante muchos años ha intentado descubrir cuál podría ser la clave de interpretación del tema nuclear “Pablo y la ley de Moisés”, pero que le fue imposible. Gracias al contacto y al continuo diálogo con el Profesor Carlos A. Segovia, se introdujo poco a poco en la moderna discusión técnica de la judeidad profunda de Pablo, tema que sigue muy vivo entre los modernísimos intérpretes del Tarsiota, sobre todo entre los investigadores judíos actuales y sus seguidores, que se han denominado a sí mismo “New Radicals”.

El autor ha manifestado en una entrevista que haber mantenido un diálogo /  discusión, en el sentido inglés del vocablo, con Carlos A. Segovia, muy buen conocedor del pensamiento paulino, por escrito, no solo oralmente, en el que trató todos y cada uno de los pasajes difíciles del corpus paulino auténtico. Fue un trabajo tremendo, pero no se vislumbraba, a pesar de tanta discusión, un modo claro de salir del callejón sin salida de la terrible afirmación de que Pablo fue un pensador incoherente. Finalmente, como resultado de estos años de trabajo, el autor creyó que estaba en condiciones para demostrar —en cuanto es posible hacerlo en las ciencias de la Antigüedad— que Pablo sí es un pensador coherente, ofreciendo una compleja hipótesis interpretativa que podría resolver quizás esa incoherencia aparente de los textos paulinos que parecen ser un ataque súper furioso y total contra la ley de Moisés, imposibles de entender en la pluma de un judío que se considerara como tal.

En síntesis, la idea interpretativa gira en torno a la noción de que Pablo, para interpretar la Ley y su relación con los paganos convertidos a paganocristianos a la fe en Jesús como mesías, se apoya en ideas judías de la época que han dejado muy poco rastro por escrito. En concreto: la Ley no es simple, sino compleja, y se divide en dos partes: una universal y eterna, obligatoria para todos, incluso para los gentiles o paganos (cuya base es el Decálogo); otra específica y temporal, y que afecta a los judíos miembros naturales de la alianza de Dios con Abrahán, pero a no los gentiles, que son solo hijos adoptivos (cuyas normas básicas son la circuncisión, y los preceptos sobre los alimentos y la pureza ritual). Y esta idea fundamental se complementa con otra, a saber, que el Mesías, por dispensación divina, tiene poder para cambiar la Ley en época mesiánica, es decir, en la que creía vivir Pablo. Esta idea, la Ley es doble y cambia en la época mesiánica, fue considerada blasfema por muchos judíos de la época de Pablo…, hasta hoy día. ¡Pero es perfecta y aceptablemente judía! El que los gentiles / paganos, convertidos a Jesús consiguieran la salvación al igual que los judíos, pero que no tuvieran que cumplir una parte de la Ley fue la aportación, ciertamente revolucionaria, de Pablo de Tarso.

Esta hipótesis está totalmente ausente en la bibliografía moderna sobre este tema: no hay ni una sola referencia en comentarios a Pablo tanto en la línea de la interpretación tradicional, como en la de los New Radicals. Además, es una norma de la investigación que cuando aparece una nueva hipótesis en la interpretación de textos básicos, leídos por muchos ojos a lo largo de los siglos, que no ha sido formulada claramente antes hay que ponerse en guardia. Sin embargo, según el autor, la idea de que la Ley mosaica cambia en época mesiánica se acepta como razonablemente judía por especialistas de la cábala, quienes sostienen que, en época mesiánica, la nueva ley, la Torá Azilut, es distinta. Y como prueba, el autor de esta Guía aporta una serie de textos de rabinos de los siglos III al VI d.C. que señalan el cambio de la ley de Moisés en los tiempos del Mesías. Por tanto, toda la Guía para entender a Pablo de Tarso gira alrededor de una hipótesis interpretativa, que se prestará a una nueva discusión porque trata nada menos de que el Mesías cambia / interpreta la Ley al final de los tiempos. Si la hipótesis es más o menos correcta, está justificado el libro. Pero si es incorrecta, la discusión la corregirá en parte.

Debo advertir que hay un error en el índice al final del libro. Falta lo más importante y lo más original de este volumen, a saber, las aclaraciones a modo de excursus que va haciendo el autor —interrumpiendo momentáneamente la lectura de cada carta de Pablo—, de modo que el lector pueda tener una idea general de lo que piensa el Apóstol en los temas importantes. Menos mal que en el texto se hacen remisiones a estas Aclaraciones cada vez que es necesario. Pero no siempre. La idea del autor es no repetir conceptos, aunque Pablo lo haga, y remitir al lector a cada aclaración cada vez que Pablo insista en un tema, lo que ocurre muchas veces.

Este error en el Índice daña al libro, porque omite lo que es más ilustrativo y de valor. He aquí el suplemento al índice, con las páginas correspondientes que creo interesante añadir en esta reseña, y que afecta exclusivamente a las Aclaraciones:

I. ¿Por qué el cambio de Saulo a Pablo?, 73-76.

II. Escatología y Reino de Dios en Pablo, 97-108.

III. Elección, llamada, predeterminación, 111-118.

IV.El sentido de la muerte del Mesías, 119-129.

V. Antropología paulina, 130-135.

VI. Ley de Moisés y Pablo. ¿Cambia la ley de Moisés en época mesiánica?, 159-187.

VII. Justificación por la fe. ¿Hay contraposición entre justificación y Promesa?, 188-200.

VIII. Ética de Pablo, 224-232.

IX. Pablo y el antijudaísmo cristiano, 279-290.

X. Misteriosofía de Pablo, 294-314.

XI. Liturgia, culto y ritos en Pablo, 322-324.

XII. Pablo y las mujeres, 326-332.

XIII. Alianza antigua y nueva, 359-364.

XIV. Religiosidad de Pablo vivir en el Mesías. Cuerpo de Cristo. Participación, 366-370.

XV. Jesús y Pablo ¿Fue Pablo el verdadero fundador del cristianismo?, 372-379.

XVI. Monoteísmo, binitarismo y la naturaleza del mesías, 402-423.

XVII. Justicia de Dios, 461-464.

XVIII. Adopción / Filiación, 489-493.

XIX. Israel y los gentiles, 502-505.

XX. Teología política de Pablo, 510-515.

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