Escatología de la crítica

31/03/2014 | Crítica Bibliográphica

Pedro AULLÓN DE HARO,
Escatología de la Crítica,

Madrid, Dykinson, 2013, 134 pp.
ISBN 978-84-9031-613-9

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Reseña de Esther Zarzo

La breve aunque densa y singular Escatología de la Crítica recién publicada en Madrid por editorial Dykinson se propone dos objetivos fundamentales tácitamente enunciados en la doble significación del término “escatología” en tanto excrecencia y en cuanto transcendencia. Se trata, por un lado, de desvelar las estrategias de ocultación que durante el siglo XX provocaron el abandono de los principios y objeto propio de la Crítica literaria y que han conducido su descomposición contemporánea; por otro lado, ofrecer la crítica previa así como los instrumentos intelectuales necesarios a fin de poder transcender tal proceso y recrear humanísticamente una Crítica capaz de afrontar la nueva y difícil circunstancia en que nos encontramos ante la llamada Era de la Globalización.

Se trata pues de la identificación y explicación de los elementos de un hilo conductor perverso sólo perceptible por alguien que durante décadas ha asistido como observador y actor cualificado a la evolución histórica de las cosas. El autor reconstruye con decisión y penetración la imagen completa de la “malversación” disciplinaria y sus consecuentes, que alcanzan hasta hoy. Para ello conduce a síntesis y madura reelaboración final ideas diseminadas en varios trabajos durante los últimos años. En menos de ciento cincuenta páginas quedan expuestas las relaciones de poder y la compleja casuística interdisciplinar y cultural que han dominado el panorama de la crítica y casi la ciencia humanística en general, cabría decir, del pasado siglo, y ello identificando e interpretando problemas, fenómenos entreverados e incluso a los autores materiales principales de lo que abiertamente se denomina delictum intelectual, aportando argumentos y pruebas factuales y textuales, histórica y conceptualmente constatables.

Tras un Prefacio metodológico, la investigación se despliega al modo habitual dialéctico y pitagórico del autor: “Las caras de la malversación”, “La decadencia de la historiografía literaria” y “El final de la Crítica”. La primera parte expone la problemática global examinando los núcleos característicos y su fenomenología; la segunda profundiza en el más importante de los conceptos disciplinarios adyacentes y sus encadenamientos; la tercera parte concluye, con toda la radicalidad exigida, un diagnóstico bien fundado en el proceso de las investigaciones anteriores y ahora definido como “final” pero también como gran posibilidad de apertura y futuro. Por lo demás, las notas del libro van tras cada capítulo y, según dice el propio autor en el Prefacio, “son para leer”, pues complementan los argumentos, mientras que el aparato bibliográfico de fichas queda funcionalmente reducido al final del volumen, además de restringido en lo posible para evitar el exceso documental a que por principio un libro de esta naturaleza podría conducir.

La primera parte, “Las caras de la malversación”, realiza dos operaciones propedéuticamente fundamentales. En primer término, formula histórica y doctrinalmente diversas categorías generales a modo de anclaje conceptual destinado a construir un diseño capaz de interpretar el complejo proceso de la Crítica moderna: tal es el caso de las más generales malversación y crítica lamentable, que sólo en los siguientes capítulos se especializan o particularizan, al ritmo de la interpretación histórica, como el mal de la crítica, divulgacionismo, moda crítica, papanatismo y otras, sucesivamente en sus respectivos lugares definidas y analizadas. En segundo lugar, enumera los principios rectores de tal proceso y, subsiguientemente, la identificación y examen crítico de los problemas, sea el concepto de forma kantiano, el signo saussureano, el formalismo ruso o el caso Bajtín. Para ello, adopta un estilo demostrativo al modo geométrico a fin de representar la compleja y multidimensional trama de relaciones cuya estructura se revela finalmente articulada sobre tres estrategias que se refuerzan mutuamente: “La malversación disciplinaria estricta”, “La disolución del objeto crítico” y “La convergencia de la doble impostura”.

Con estos elementos, tras localizar el origen histórico de la Crítica en Dionisio de Halicarnaso y Longino y su razón moderna en la teoría schilleriana y el espíritu de la ilustración, se expone el pecado ético de ésta y se demuestra, prácticamente more geometrico, cómo la extrapolación injustificada del método y finalidad propios de la lógica estructural formalista al ámbito de las humanidades y su reflejo en la ordenación disciplinaria provocaron el abandono tanto del juicio crítico como del compromiso ético con la historia cultural y con ello la aniquilación de la Crítica, ya que una crítica apriórica y desprovista de ética es sencillamente inerte y lamentable. El relevo de la Retórica por la Estética y la desintegración de esta última por la Vanguardia histórica; la consecuente eliminación de la verdad crítico-literaria y la supeditación de la razón crítica a la eficacia ideológica; la perversión de la conciencia moderna y su desintegración sostenida por la atomización antihumanística, el positivismo lógico y la filosofía analítica ahistórica son varios de los hitos clave de esta carrera hacia la configuración de un curso caracterizado por la pérdida de la razón crítica y el anti-humanismo.

Con la misma claridad se exponen las circunstancias que motivaron el divorcio entre filología, filosofía, estética y moral. La desintegración de la filología gracias a la aniquilación del significado por parte del análisis lingüístico estructural-formalista y, dentro de este horizonte, el plan de barrido del tronco de las ciencias humanas promovido por la que denomina trampa Jakobson; la depauperización de la historiografía literaria como consecuencia de la reducción y el aislamiento de su objeto: limitación historiográfica de la literatura al ámbito nacional, restriccionismo de su entidad una vez despojada del sentido de unidad cultural, por una parte, y por otra de la lectura y la traducción literaria como formantes de su historia.

En este punto, la obra reivindica el legado de la Ilustración cristiana española, concretamente de la por el autor denominada “Escuela Universalista Española del siglo xviii”, representada por Juan Andrés, Lorenzo Hervás y Antonio Eximeno, los creadores del comparatismo moderno. También efectúa una fundada y dura crítica de la particular malversación antihispánica perpetrada por el historiador de la crítica René Wellek.

En último lugar, el libro categoriza el “final de la Crítica”, concepto que penetrantemente examina a la luz del aspecto tanto específico interno como del orden hegeliano que ese concepto ha impreso en la faz de la modernidad, y del cual muy justificadamente se aleja nuestro texto proponiendo, por otra parte, tras una fuerte crítica a la situación actual, una reificación de principios.

Escatología de la Crítica es un libro de lectura indispensable por tres motivos. Primeramente, por explicar de forma eficiente buena parte del proceso que ha conducido a la actual crisis humanística; en segundo lugar, por ofrecer armas mediante la necesaria reflexión crítica para afrontar el estado de cosas recibido; y, en tercer término, porque a su vez enseña la utilización de tales instrumentos en el curso del propio proceder de la obra. Y es que, si la fortísima malversación disciplinaria ha podido tener lugar es precisamente como consecuencia de la pérdida de visión global forjada a golpe de hiper-especialización, profesionalización temprana y manipulaciones ideológicas que han hecho tabla rasa entre ciencia humanística y modas culturales. Si hoy nos enfrentamos a problemas de alcance global, la mejor estrategia para revertir el efecto humanísticamente desintegrador de la Globalización mercantilista y homogeneizadora, así como su tendencia a convertir el saber humanístico en mero entretenimiento, es el desarrollo de una verdadera Crítica, fiel a principios, exigente y comparatista. En suma, Escatología de la Crítica constituye una guía no sólo para la toma de conciencia de la desintegración intelectual acaecida durante el siglo XX, sino también para el rearme epistémico y el proyecto de un futuro humanístico reificado.

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