Hojas de hierba, de Walt Whitman

30/04/2017 | La Dialéctica de Sofía

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Hojas de hierba, de Walt Whitman,
desde la perspectiva del Materialismo Filosófico
como Teoría de la Literatura

Rodrigo GARCÍA BÉDMAR
Universidad Nacional de Educación a Distancia

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Resumen

Critica de la obra literaria Hojas de hierba, de Walt Whitman, desde el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.

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Un niño me preguntó: ¿Qué es la hierba?, trayéndomela a manos llenas.
¿Cómo podía contestar al niño? Yo no sé más de lo que sabía él.
Supongo que es el emblema de mi temperamento, tejido con la tela verde de la esperanza.

Walt Whitman (Hojas de hierba, I, 1892/2014: 177).

 

 

1. Introducción. Hojas de hierba: un ejemplo de literatura programática y sofisticada

El objetivo de este artículo es interpretar de manera crítica las ideas objetivadas formalmente en el material literario Hojas de hierba (1892), de Walt Whitman (1819-1892), obra poética central de la tradición anglonorteamericana. Para ello nos serviremos del marco de referencia que proporciona el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura.

La escritura completa de Hojas de hierba se extendió a lo largo nueve ediciones sucesivas y gran parte de la segunda mitad del siglo XIX. La versión considerada como definitiva por el propio autor, y como canónica por la crítica, aparecida poco antes de su muerte, consta de 16 poemarios, que recogen un total de 389 poemas. Dada su enorme extensión y las limitadas dimensiones de este artículo, nuestro análisis se reducirá al poema Canto de mí mismo, lo cual no impedirá, sin embargo, criticar dialécticamente la symploké de ideas que atraviesa toda la obra del neoyorquino, pues en dicho poema está disuelto lo esencial de su poesía.

Whitman es heredero de una tradición idealista importada de Europa a Norte América. Ya desde el inicio de su andadura literaria se adscribió al credo del transcendentalismo, siguiendo la senda de su mentor Ralph Waldo Emerson (1803-1882), cuya conferencia titulada “Naturaleza y facultades del poeta”, tal como recuerda Eduardo Moga en el prólogo a su traducción de Hojas de hierba (2014), probablemente espoleó la escritura de la docena de poemas que conforman la primera edición de la obra, publicada en 1855. Esta corriente filosófica, que recoge y transforma ideas procedentes del ámbito de la Revolución Francesa (1789-1799), bebe principalmente de la epistemología de Kant (1724-1804), aunque tal vez por vías indirectas, a través la literatura romántica europea y autores como Goethe (1749-1832), Carlyle (1795-1881) o Coleridge (1772-25-1834). Estos son los mimbres de los que se servirá Whitman para urdir su poética.

Desde la perspectiva de los tipos, modos y géneros de conocimiento literario establecidos por Jesús G. Maestro en Crítica de la Razón Literaria (2017), Hojas de hierba es, atendiendo a la tipología, una obra literaria escrita desde criterios racionales, pues se nutre de los conocimientos científicos y filosóficos disponibles en su época. Por otra parte, en ella está presente un modo de conocimiento literario acrítico, pues gran parte de las ideas que en ella se objetivan evitan el enfrentamiento dialéctico y el establecimiento de valores y contravalores propio de una literatura verdaderamente crítica. Cabe concluir, por tanto, en referencia al género de conocimiento literario, que Hojas de hierba posee características tanto de una literatura programática o imperativa como de una sofisticada o reconstructivista. Explicaremos esto con más detalle, y ciñéndonos ya al poema Canto de mí mismo, en lo que sigue.

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2. Interpretación del poema Canto de mí mismo
desde el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura
 

Estructurado en 52 secciones y escrito, al igual que el resto de Hojas de hierba, en verso libre, Canto de mí mismo es el último poema correspondiente al primer poemario que recoge la obra, Dedicatorias. Para elaborar nuestra crítica, trataremos de analizar en profundidad las 52 secciones del poema clasificándolas en 6 bloques diferenciados. Si bien a través de todo el poema es posible identificar una serie de ideas cardinales que están presentes en toda la obra, esta división en bloques permite hacer una criba de las que más resaltan en cada parte, procurándonos así una aproximación sucesiva al texto y a las ideas que éste va entretejiendo.

2.1. Ya en la primera palabra del primer verso está presente la voz poética que será el hilo discursivo homodiegético de todo el poema: “Yo me celebro y me canto.” De la mano de esta primera persona del singular se construirá la trama de ideas que vertebra el poema y la obra en su conjunto. De esta manera, a lo largo de las primeras 7 secciones, el canto del poeta protagonista del poema reivindica para sí un saber dogmático propio de sociedades bárbaras, es decir, declama desde una perspectiva temporal de carácter mítico, no histórico, en consonancia con la metafísica naturalista de Rousseau (1712-1778), y desde un racionalismo literario sofisticado y reconstructivista que pretende rescatar y recrear, a la manera nostálgica de un William Blake (1757-1827), creencias mitopoyéticas y dogmáticas ya periclitadas procedentes del mundo antiguo y características de la literatura primitiva o dogmática. A propósito de lo mítico, es importante recordar la utilización del versículo como recurso métrico por parte de Whitman. Como todo lo que respecta a la construcción de una obra literaria, tal recurso no es casual ni gratuito. Este tipo de verso, modalidad del verso libre, había sido utilizado, hasta el propio Whitman, innovador en este aspecto, por literaturas del tipo primitivo o dogmático. Biblia y Corán son ejemplos de ello. La relación entre forma y contenido resulta pues, en este sentido, evidente. Así, la sección 1 termina con el poeta afirmando acoger el bien y el mal y permitirse hablar con su energía primigenia. Esto supone, como veremos, el primer paso hacia la elaboración de un programa poético cimentado en un idealismo importado de Europa, como ya se ha señalado, y que tiene como propósito legitimar la ideología del Destino Manifiesto, ortograma imperial de los decimonónicos Estados Unidos, mediante la presentación de un héroe de rasgos mitológicos que está llamado a ser el protagonista de la sociedad democrática estadounidense, que vive en una armonía total con la naturaleza y que se autoproclama profeta de los tiempos venideros a la manera del Jesucristo bíblico. De esta forma, cuando al célebre primer verso al que hemos aludido le sigue “y lo que hago mío, será tuyo también.”, se ha configurado ya el núcleo de la poética que Whitman desarrollará y llevará a término décadas más tarde. Esta invocación imperativa del segundo verso del poema no tiene como objeto a una persona en particular: se dirige a todo ciudadano norteamericano, y con ello, lo que busca es hacer partícipes a cada uno ellos de la empresa imperialista norteamericana de expandirse hacia los territorios del Sur y del Oeste, agrandando así, mediante la acción en el eje radial del Espacio Antropológico, la extensión de la capa basal de esta sociedad política, que en aquellos años se hallaba aún inmersa en pleno proceso de constituirse como tal.

En la sección 5 despunta un aspecto que estará muy presente a lo largo de todo Hojas de hierba, la dimensión erótica y sexual más o menos explícita de muchos de sus poemas. En este caso, no nos encontramos ante el relato de una experiencia sexual que involucre a alguien más que al propio Whitman. El poeta se vale de la retórica para establecer un diálogo entre su cuerpo físico (materia primogenérica) y su alma (materia segundogenérica) a través del cual se nos presenta un encuentro sexual claramente onanista: alma y cuerpo retozan en la hierba, se acuestan en una transparente mañana de verano… Los versos prosiguen en este sentido hasta que, en el fragmento final, el poeta se sirve de la construcción de un largo discurso anafórico que pretende recrear la experiencia de un éxtasis sexual teñido de unión psicológica con una suerte de armonía universal que todo lo envuelve.

Por último, los versos de la sección 7 terminan lo que se inició con el arranque del poema: la presentación de esa primera persona del singular que se alza como bardo, exégeta, profeta sofisticado y reconstruido que anuncia los designios del porvenir y que, dirigiéndose en un tono un tanto intimidatorio al lector, cierra la sección afirmando la imposibilidad de librarse de él.

2.2. El poema continúa por otros cauces entre las secciones 8 y 17, y la voz poética deviene en una suerte de letanía costumbrista que se dedica a describir la vida del hombre norteamericano como animal ceremonioso. Es ocasión ahora de aludir a los ejes circular, radial y angular de la Teoría del Espacio Antropológico, asicomo a la Teoría de las Ceremonias, construidas ambas por Gustavo Bueno (1924-2016) y recogidas en Symploké (1987). De la mano de ambas teorías es posible analizar y clasificar perfectamente las diferentes formas en que los seres humanos se relacionan, tanto entre sí como con la realidad de su entorno, que Whitman describe en los versos de estas secciones. Según lo dicho, cabe establecer tres clasificaciones, cada una con distintos tipos de ceremonias.

1) Desde el punto de vista de los actores que las llevan a término:

a) Ceremonias unipersonales. En el poema, un ejemplo de este tipo de ceremonias lo encontramos en la sección 13, por citar una en concreto, donde los versos hablan de largas caminatas que da el poeta mientras observa el entorno natural que le rodea.

b) Ceremonias multipersonales. También hay múltiples ejemplos de estas ceremonias en el poema, que se caracterizan por la interacción de actores humanos. En la sección 10, por ejemplo, se habla de la boda de un trampero en el Lejano Oeste, de cómo el narrador del poema resguarda y cobija a un esclavo fugitivo…

2) Desde los ejes del espacio antropológico:

a) Ceremonias circulares. Este tipo de ceremonias se corresponden con el agere: el presidente que convoca un gabinete rodeados de secretarios en la sección 15, por ejemplo.

b) Ceremonias radiales. Correspondientes al faceré, encontramos un ejemplo en la sección 10, donde se narra la preparación al fuego de una pieza de caza.

c) Ceremonias angulares. En estas ceremonias los sujetos humanos interactúan con animales. La sección 15, por ejemplo, presenta numerosas alusiones a actividades relacionadas con la cacería.

3) Desde el punto de vista de la relación de los sujetos con los contenidos de las ceremonias:

a) Ceremonias de primer orden, que continúan procesos genuinamente naturales. En la sección 14, por ejemplo, se habla de armadores de barcos y conductores de caballos con los que el poeta afirma poder comer y dormir durante semanas.

b) Ceremonias de segundo orden. Estas ceremonias se distinguen por estar asociadas a rituales sin conexión alguna con comportamientos zoológicos pautados. Numerosos ejemplos de ello encontramos en la sección 15: carreras de regatas, niños siendo bautizados…

2.3. Entre las secciones 18 y 26, ambas inclusive, reaparece con nueva intensidad el tono profético de los inicios del poema, aunque no tanto en el sentido mitológico antes mencionado, sino más bien en aras de un fundamentalismo democrático. Whitman asume y defiende la democracia como la institución capaz de redimir a los seres humanos de todo mal. Sobrevuela aquí la idea de héroe que Carlyle expuso en sus conferencias recopiladas en Los héroes. El culto de los héroes y lo heroico en la historia (1841), aunque invertida: donde Carlyle afirmaba que la democracia es la desesperación derivada de no encontrar héroes que nos dirijan, Whitman anuncia y proclama, en un tono nieztcheano, el advenimiento de la democracia como el sistema político en el que todo hombre ha de ser considerado portador de atributos heroicos. Ningún hombre importa más que el hombre que tiene al lado, todos tienen algo que decir y cada ciudadano ha de ser escuchado y reivindicado como parte, en tanto que hombre libre, de la democracia americana. El origen de estas ideas sobre la democracia y la libertad humana es perfectamente kantiano. Cotejando lo expuesto por Bueno a este respecto en su artículo “Confrontación de doce tesis características del sistema del Idealismo Trascendental con las correspondientes tesis del Materialismo Filosófico” con los versos de estas secciones, veremos que las ideas objetivadas en los versos de Whitman postulan una “Metafísica de la Libertad”, tal como Bueno indica:

La fundamentación de la democracia en la idea de una libertad autónoma formal de los individuos, que se comportan como legisladores universales, es incompatible con la teoría de la democracia del materialismo. Desde la perspectiva del materialismo la doctrina kantiana de la democracia es simplemente una construcción inspirada por una “metafísica metafinita”. (Bueno, 2004: 69)

Una idea muy en relación con esta Metafísica de la Libertad es la idea de felicidad. En la sección 25, se leen los versos: “Mi conocimiento es mi vida: se corresponde con el sentido de todas las cosas, / la felicidad (y que todos los hombres y mujeres que me oigan salgan hoy mismo a buscarla).” Esta idea de felicidad de Whitman se inscribe dentro del modelo genérico V de concepciones de la felicidad desarrollado por Bueno en El mito de la felicidad. Autoayuda para el desengaño de quienes buscan ser felices (2005), denominado procesionismo o espiritualismo exclusivo ascendente, y sigue los pasos, en este sentido, del idealismo absoluto de Fichte. Éste, como Whitman, considera la felicidad como atributo esencial de la vida humana, de lo cual se deriva que todo hombre debe ser feliz para poder ser hombre, idea presente también en la Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776), que considera un derecho inalienable “la búsqueda de la felicidad”. Esto, evidentemente, entra en conflicto con otras ideas de Whitman, como la exaltación naturalista de estirpe rousseauniana que a menudo ejercita, que se situaría, desde el prisma de las concepciones de la felicidad, en clara oposición. Pero no es extraño que un poeta se contradiga, que finja hacerlo o que lo haga a sabiendas. Predomina aquí, en este tipo de contradicciones, la dimensión lúdica de la ficción literaria. También hay que advertir que la idea que Whitman tiene de la felicidad no es la misma a lo largo de toda la obra. Sirva un ejemplo. Algo más adelante, en el poema Canto del camino abierto, que se recoge en el poemario titulado Aves de paso, el poeta deja escrito: el eflujo del alma es la felicidad. He aquí la felicidad. / Creo que impregna el aire, en constante espera. / Se vierte ahora en nosotros: estamos cargados, como debe ser. Este pasaje, respecto a la idea de felicidad que suscribe, estaría más próximo al modelo genérico VI de concepciones de la felicidad, denominado espiritualismo exclusivo neutro, versión gnóstica de la felicidad que en Whitman adquiere resonancias panenteístas en la línea de Krause, quien reivindica a un dios que es al mismo tiempo inmanente y trascendente al Mundo.

2.4. En las secciones 27 a 32 se reintroduce en el poema la dimensión sexual y erótica que ya se vio en la sección 5, y que estará muy presente en los poemarios inmediatamente posteriores a Dedicatorias: Hijos de Adán y Cálamo. Atendiendo al periplo vital del propio Whitman, el texto adquiere aquí, aunque veladamente, cierto carácter autobiográfico. Es sabido que el neoyorquino, a finales de la década de 1850, publicada ya la breve primera edición de Hojas de hierba, frecuentaba un bar clandestino de Nueva York, el Pfaff’s. Allí conoció a un joven irlandés llamado Fred Vaughan, con el que convivió y mantuvo una relación de carácter homosexual a lo largo de unos dos o tres años, hasta que éste le rechazó tras decidirse a llevar una vida más convencional y tratar de formar una familia. Este fracaso personal, del que Whitman tal vez no llegó a recuperarse, pues no se le conocen otras parejas ni tuvo descendencia, está muy presente en los versos de esta sección. Así, en el verso que cierra la sección 27, el poeta declara que apenas soporta rozarse con otra persona. En las secciones que siguen, la experiencia fenomenológica del tacto irá adquiriendo preponderancia y será tachada por el poeta como aversiva en lo que se refiere a interacción sexual con otros seres humanos. El protagonista del poema se abriga aquí en un cinismo semejante al del licenciado Vidriera, personaje de la novela de Miguel de Cervantes (1547-1616) del mismo nombre, quien finge creerse de vidrio con el fin de evitar todo contacto humano tras pasar por una experiencia desagradable, tal como señala Maestro en las páginas que dedica a analizar la novela cervantina en el segundo volumen de su Crítica de la Razón Literaria. En el caso de Whitman, un cínico e hiperbólico sentimiento de felicidad hace las veces del vidrio en el personaje de las Novelas ejemplares (1613) de Cervantes.

El poema avanza, y la anomia que manifiesta Whitman frente a otros seres humanos va en aumento. Si antes la voz poética se declaraba insoluble en las relaciones humanas, su anomia deriva ahora en una patología social semejante a la de la pastora Marcela, personaje del Quijote (1616) que termina por rechazar la convivencia con seres de su misma especie para lanzarse a una vida montaraz, impotente, en la compañía de unas cabras, también tal y como Maestro analiza en su crítica de los géneros literarios en el Quijote, recogida en el segundo volumen del trabajo ya mencionado. Así, la sección 32 se abre con el verso: “Creo que podría vivir con los animales: son tan plácidos e independientes; / no me canso de mirarlos.”

2.5. La ideología del Destino Manifiesto como ortograma imperial de Estados Unidos se hace patente, sobre todo, en este largo poema, en las secciones comprendidas entre la 33 y la 40. Entendemos aquí por ortograma la materia capaz de moldear a otros materiales del entorno, cuyo atributo esencial es la falsa conciencia, es decir, la incapacidad para corregir errores que subyace a toda ideología que detenga su crítica ante los propios presupuestos, tal como expone José Manuel Rodríguez Pardo en su conferencia “El Destino Manifiesto como ortograma imperial de Estados Unidos” (2015).

Como decimos, a lo largo de estas secciones Whitman objetiva una defensa apologética de esta doctrina ideológica, y la postula como vector a seguir por la Nación norteamericana. No obstante, en este contexto, cabe recordar que el discurso de Whitman es un discurso literario, poético y, por tanto, ficticio. Así, ejerce su apología de la doctrina del Destino Manifiesto no a la manera, por ejemplo, de John O’Sullivan (1813-1895), quien acuñó la expresión, sino desde un fingimiento poético de lo más cínico. Whitman ensalza la naturaleza de forma completamente idealista a un tiempo que condena a los nativos americanos -que viven verdaderamente inmersos en esa naturaleza que él tanto idealiza- al ostracismo si no se atienen a las exigencias imperiales y expansionistas estadounidenses. Es la misma contradicción cínica, lúdica y sofisticada que subyace a la pretensión de reconstruir poéticamente un retroceso, por parte de la voz poética, al viejo bardo, a lo mítico y lo espiritual al tiempo que se defiende a una Nación americana abanderada por la idea de progreso y alejada de los ideales del Antiguo Régimen caídos en Europa tras la Revolución Francesa.

En estas secciones se recrean y ensalzan (poética y sofisticadamente) una serie de conflictos bélicos relacionados con la expansión de la capa basal de Estados Unidos hacia los territorioas del Sur y el Oeste. Un ejemplo es la batalla del Álamo (1836), que aparece en la sección 34. Whitman pensaba que esta expansión territorial sería el inicio del surgimiento de la verdadera cultura estadounidense. La costa Oeste, los territorios por explorar y conquistar, al igual que para la ideología del Destino Manifiesto, representan para el poeta el futuro glorioso que ha de abrir una nueva era en la Historia del género humano y, los Estados Unidos de Norte América, situados a la cabeza de esa nueva etapa, la Nación elegida por la Providencia que ha de encargarse de liderar y llevar a término ese proceso.

Esta idea aureolar fue la que impulsó, en buena medida, el expansionismo imperialista de Estados Unidos en el siglo XIX. Considerado desde la perspectiva del mundo actual, es oportuno recordar los hechos acaecidos en Alemania a finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que demuestran lo peligroso que resulta que un determinado grupo humano se considere moralmente superior respecto a los demás y vierta sobre la Historia un propósito teleológico. Whitman y el Destino Manifiesto caen en el mismo grave error. No obstante, a pesar del casi total exterminio de la población indígena americana, que retrata a Estados Unidos como imperio depredador, su caso no es totalmente parejo al de otros imperios depredadores, como el nacionasocialista alemán, aunque en un principio uno y otro compartieran los paralelismos que estamos señalando. A este respecto, como sostiene Rodríguez Pardo en su conferencia, no siendo dicotómica la distinción entre imperio generador e imperio depredador, no puede afirmarse que Estados Unidos sea un imperio absolutamente depredador, pues tras su primera etapa expansionista, depredadora en su mayor parte, Estados Unidos adquiere las características distintivas de un imperio comercial. De este modo, aunque la construcción del imperio y la Nación estadounidense hunda sus raíces en las ideas metafísicas del Destino Manifiesto, por otro lado, si se considera desde el aspecto operatorio, dichas ideas no son sino programas políticos positivos, más o menos llevados a cabo con éxito; y así, en este sentido, la transformación del Estados Unidos decimonónico, depredador, en el actual Estados Unidos, mucho más generador que depredador, ha de explicarse desde un choque de fuerzas a las cuales les es imposible tanto rehuir el conflicto como procurar una eutaxia impuesta por los vencedores más beneficiosa, a la postre, que perjudicial (recuérdese que fue precisamente la intervención de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial el elemento que permitió a Europa sobreponerse a la eutaxia, mucho menos deseable, que pretendía imponer el imperio nazi).

Para concluir con este apartado, en definitiva, diremos que, por un lado, como ya se expuso en la introducción, la inclusión del Destino Manifiesto como programa político de raíz teológica en la obra de Whitman, coloca a su poesía en el terreno de la literatura programática o imperativa y, por otro, su recreación fabulosa de conflictos bélicos, asicomo su reconstrucción mítica de una naturaleza ideal, lo sitúa en el ámbito de la literatura sofisticada o reconstructivista.

2.6. Las secciones que van de la 41 a la 52 conforman los versos finales del poema, y en ellos la identificación del poeta como redentor se hace más acusada, Whitman escribe desde un monismo inscrito en un tiempo presente hipostasiado como eternidad, habla de nuevo como si literalmente legislara sobre la realidad del Mundo. De este modo, en la sección 44, Whitman deja escrito: “soy la culminación de las cosas cumplidas y el continente de las cosas venideras”. Este monismo, ajeno a la constitución del mundo como realidad material y plural entretejida en symploké, como Bueno señala en su conferencia “Symploké de Platón y Sustancia de Espinosa”, postula una realidad provista de estructuras metafinitas: cada parte del mundo está contenida en las demás. Esta idea metafísica de la realidad engarza con una tradición muy antigua, que se remonta al principio de las homeomerías de Anaxágoras (500-428 a.n.e.), y no resulta extraño que Whitman la suscriba, pues entronca perfectamente con la tradición literaria y filosófica de corte idealista de la que proviene su literatura. Algunos versos antes, en la sección 41, se puede constatar, de nuevo, que la idea de dios y de la religión en Whitman es absolutamente autológica, pues éste se distancia de todas las religiones normativas y suscribe un espitirualismo de tipo psicologista, reduciendo la totalidad del Mundo a una experiencia fenomenológica subjetiva adscrita a una materialidad de segundo género, según la doctrina clasificatoria de los tres géneros de materialidad que Gustavo Bueno expone en sus Ensayos materialistas (1972). Whitman se distancia explícitamente de los dioses de todas las religiones, ya sean primarias, secundarias o terciarias, y vindica a la subjetividad individual como espacio fundamental de revelaciones trascendentes: “considero una voluta de humo o un pelo en el dorso de la mano tan asombrosos como una revelación.” En esta misma perspectiva concluye el poema en la sección 52, donde el yo del poema se declara intraducible en analogía con un halcón, y recuerda una vez más lo que será el objetivo primordial de todo Hojas de hierba, “lanzar un bárbaro chillido por sobre los tejados del mundo”, apelando a cada ciudadano norteamericano a unirse a él en su visión armonista, autológica y democrática del mundo y de la sociedad.

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3. Conclusión. Lo inteligible frente a lo sensible

Mucho se ha escrito a propósito de Hojas de hierba y de Canto de mí mismo. Baste citar, en este contexto, a Harold Bloom, punta de lanza de la crítica literaria norteamericana actual, que dedica sendos capítulos a Whitman en sus libros de ensayos El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas (1994) y Genios. Un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares (2003). En una entrevista al crítico estadounidense publicada por Fernando Castanedo en el periódico El País (2005), con motivo de la aparición en España de su segundo libro mencionado, Bloom equipara, parafraseando a Unamuno (1864-1936), a la obra de Whitman con “las sagradas escrituras estaodunidenses”. Y esta misma línea interpretativa siguen sus libros. Tales interpretaciones, a nuestro juicio y siempre desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, se dan únicamente cuando el crítico se toma en serio la literatura e interpreta ésta desde el reduccionismo de lo sensible. Sin embargo, como han demostrado los trabajos de Maestro, la literatura no es soluble en Yahveh, y su interpretación no puede limitarse a lo sensible, sino que necesariamente ha de servirse de lo inteligible, y eso es lo que aquí se ha intentado.

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Bibliografía

  • Bloom, Harold. Genios. Un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares. Barcelona: Anagrama, 2006.
  • Bueno, Gustavo / Hidalgo, Alberto / Carlos Iglesias, Symploké. Madrid: Ediciones Júcar, 1991.
  • Bueno, Gustavo. Ensayos materialistas. Madrid: Taurus, 1973.
  • Bueno, Gustavo. El mito de la felicidad. Autoayuda para el desengaño de quienes buscan ser felices. Barcelona: Ediciones B, 2005.
  • Bueno, Gustavo. “Confrontación de doce tesis características del sistema del idealismo trascendental con las correspondientes tesis del materialismo filosófico.”. El Basilisco, no 35, 2004.
  • Bueno, Gustavo. “Symploké de Platón y Sustancia de Espinosa”. 3 febrero 2014. Fundación Gustavo Bueno, Oviedo, en https://www.youtube.com/watch?v=VYxC0IXIMWk, consultado 23 de marzo de 2017.
  • Carlyle, Thomas. Los héroes. El culto de los héroes y lo heroico en la historia. Madrid: Aguilar, 1959.
  • Castanedo, Fernando. “El defensor del canon literario”. El País, 2005, edición digital en http://elpais.com/diario/2005/09/17/babelia/1126913950_850215.html. Consultado 22 marzo 2017.
  • Cervantes, Miguel. Novelas ejemplares. Barcelona: Penguin Clásicos, 2017.
  • Emerson, Ralph Waldo. Obra ensayística. Valencia: Artemisa Ediciones, 2010.
  • Maestro, Jesús G. (2004-2015), “La dialéctica de El licenciado Vidriera”, Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.4.2), edición digital en http://goo.gl/CrWWp (01.12.2015).
  • Maestro, Jesús G. (2004-2015), “La novela pastoril en el Quijote”, Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (II, 5.4.2), edición digital en http://goo.gl/CrWWpK  (01.12.2015).
  • Maestro, Jesús G. (2004-2015), “Tipos, modos y géneros del conocimiento literario”, Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo (I, 3.4), edición digital en http://goo.gl/CrWWpK (01.12.2015).
  • Rodríguez Pardo, José Manuel. “El Destino Manifiesto como ortograma imperial de Estados Unidos”. 12 Enero 2015. Fundación Gustavo Bueno, Oviedo, en https://www.youtube.com/watch?v=E6MlwWC9Jsc&t=7789s, consultado 24 marzo 2017.
  • Whitman, Walt. Hojas de hierba. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2014.

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