Ignacio Bosque

29/06/2012 | Diálogos Académicos

Ignacio Bosque

«Todos (incluidos los académicos, por supuesto),

estamos absolutamente en contra del sexismo en el lenguaje.

En lo que no estamos de acuerdo es en cuáles son

exactamente los usos sexistas,

o en cómo se distinguen estos de los no sexistas»

«Los lingüistas no centramos nuestro trabajo
en la corrección de los textos,
sino en investigar cómo es y cómo funciona la lengua»

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Ignacio Bosque es lingüista, catedrático de Lengua Española en la Universidad Complutense y miembro de la Real Academia Española.

Dentro de la lingüística, los ámbitos de especialidad de Ignacio Bosque son la gramática española y la teoría gramatical. Ha investigado en muy diversos aspectos de la sintaxis y la morfología del español, así como de la enseñanza de la gramática y de la relación entre esta y el léxico. Codirigió la Gramática descriptiva de la lengua española con Violeta Demonte (1999) y coordinó la Nueva gramática de la lengua española (2009) de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española. Ha dirigido asimismo dos diccionarios combinatorios del español: REDES (2004) y PRÁCTICO (2006).

 

 

Entrevista de Marina Casado Hernández 

 

¿Podría resumir su experiencia como miembro de la Real Academia Española desde que ocupó el sillón t en 1997?

Hay sido muy positiva. Cuando ingresé, la RAE me hizo un encargo que suponía una gran responsabilidad: dirigir la nueva edición de su Gramática, que no se renovaba desde 1931. Trabajamos muy arduamente durante once años, en estrecha colaboración con las Academias Americanas, y publicamos la obra en tres versiones. Aparte de esta tarea, he participado en muchas comisiones de la RAE para la mejora de nuestro Diccionario, y he tenido la oportunidad de conocer a personas extraordinarias en la institución, algunas ya desaparecidas. Siempre he pensado que la Academia es la única escuela en la que los maestros son los compañeros. Estos quince años en la RAE me lo han confirmado plenamente.

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Continuando con su trabajo en la RAE, ¿cuál sería alguna contribución que le gustaría realizar y que todavía no haya tenido ocasión de llevar a cabo? ¿Tiene actualmente algún proyecto en mente?

Por el momento, la crisis no nos permite emprender nuevos proyectos en la RAE. En 2014 se publicará una nueva edición de nuestro diccionario, ya muy avanzada. Confiamos en que no se retrase demasiado el otro proyecto que tenemos en marcha: el Diccionario histórico, que dirige D. José Antonio Pascual. Cuando se terminó la Nueva gramática, retomé mi actividad como profesor en la Universidad Complutense. Espero dirigir todavía unas cuantas tesis doctorales en ella, y tal vez emprender algún proyecto relativo al léxico, pero lo cierto es que los proyectos colectivos de cierta envergadura requieren una gran infraestructura, a su vez supeditada a la inversión económica. Es impensable emprender algo así en estos tiempos de incertidumbre.

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La mejor manera de conocer las posibilidades expresivas del idioma es la lectura 

¿Cómo cree que ha afectado la llegada de la era digital a la lengua española?

Las nuevas tecnologías han supuesto una ayuda extraordinaria. De hecho, dos de los proyectos que he dirigido en los últimos años (el diccionario Redes y la Nueva gramática) no se pudieran haber realizado sin corpus informatizados y otras bases de datos avanzadas, además, por supuesto, del simple acceso a Internet o del uso diario del correo electrónico. Los hispanistas de todo el mundo saben bien que los dos corpus de la RAE (CREA y CORDE) han aportado materiales valiosísimos para el estudio del léxico y la sintaxis del español. En mi opinión, estas y otras fuentes de datos informatizadas serán aún más útiles en los próximos años. Lo que nos falta quizá es más imaginación para diseñar proyectos léxicos y gramaticales innovadores que puedan aprovecharse de los grandes bancos de datos de los que se va disponiendo. Otras veces es cierto que se diseñan algunos de esos nuevos proyectos, pero no salen adelante por falta de recursos económicos.

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4. ¿Considera conveniente que durante la Educación Secundaria Obligatoria y el Bachillerato los estudiantes dispongan de una sola asignatura que englobe Lengua y Literatura o, por el contrario, cree que una separación de ambas materias resultaría beneficiosa?

Siempre he pensado que la separación sería muy beneficiosa, aunque sé que algunos de mis colegas no comparten este juicio. La Literatura es un arte, y como tal nos lleva a un universo (o mejor, a varios) de tradiciones y convenciones estéticas. Estudiar la lengua común es otra cosa; consiste en penetrar en un sistema de pensamiento y de comunicación que forma parte de nosotros mismos. Por otro lado, la separación a la que usted alude es habitual en muchos sistemas universitarios fuera de España. Yo les digo a veces a mis alumnos de la Universidad Complutense, cuando vienen a mi clase de Gramática después de haber recibido una de Literatura, que el cambio de asignatura no es solo un cambio de aula y de franja horaria: tienen que organizar la cabeza de otra forma; han de ponerse a pensar de otra manera.

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¿Qué opinión le merece el “lenguaje sms”? ¿Cree que podrá repercutir de alguna forma en la modificación de la gramática española del futuro?

Mi opinión sobre este punto es menos catastrofista que la de algunos colegas míos. No me parece tan preocupante que los jóvenes usen un código especial abreviado para comunicarse por el móvil, siempre que no trasladen esas convenciones particulares a un examen o a un trabajo de clase. Mi impresión es que muy pocos lo hacen, afortunadamente, y que la mayoría de ellos saben distinguir registros lingüísticos. En cualquier caso, creo que ningún ahorro de espacio en los mensajes de móvil justifica escribir sin hache las formas del verbo haber, por poner un ejemplo.

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El dominio del lenguaje garantiza el acceso al mundo laboral en igualdad de oportunidades 

¿Cuál es la mejor forma de combatir la alarmante extensión de expresiones incorrectas entre los jóvenes, tales como “detrás mío” o “lo haré en breves”?

Como tantas veces se ha dicho, la mejor manera de conocer las posibilidades expresivas del idioma es la lectura. Quizá me equivoque, pero mi impresión es que la mayor parte de los jóvenes que estudian la ESO o cursan el Bachillerato solo leen las obras que sus profesores les asignan. Leen, pues, por obligación, no por gusto. La relación con los textos es muy diferente en uno y otro caso. Cuando se lee por obligación, los contenidos no son más que fuentes de información para un examen o un trabajo. Están ahí para ser resumidos, memorizados y devueltos al profesor. Cuando se lee por gusto, la forma y el contenido de los textos se convierten en estímulos que nos influyen más poderosamente. En realidad, hay algo raro en el hecho mismo de «leer literatura por obligación». Me doy cuenta de que es necesario, pero en cierto sentido es como tener un amigo por obligación, ir al cine por obligación o disfrutar de un viaje u otra experiencia similar por obligación. En general, no parece que lo placentero pueda ser obligatorio.

 

¿Está a favor del bilingüismo –español e inglés en las aulas desde los primeros cursos, o cree que antes de aprender otro idioma es necesario conocer bien el propio?

Es necesario aprender los dos desde los primeros años de la escolarización. Cuanto antes se entre en contacto con una segunda lengua, mucho mejor. En términos generales, el nivel medio de inglés de un alumno belga, finlandés, sueco o alemán es hoy en día superior al de nuestros estudiantes. Pero no solo el de los más jóvenes. Recuerdo que hace unos años estaba perdido en una ciudad holandesa a una hora bastante tardía, y la única persona a la que podía preguntar (en inglés, porque no hablo holandés) era el conductor del camión de la basura. Me sorprendió mucho, y me hizo pensar, el hecho de que me contestara en un inglés absolutamente impecable. Los especialistas en segundas lenguas con los que hablo de vez en cuando me dicen que el problema está en los métodos de enseñanza, no tanto en los contenidos. Ojalá cambie pronto la situación. En casi todas las profesiones se necesita hoy en día cierto nivel de inglés, pero sería también bueno que los jóvenes estudiaran algo de francés o de portugués.

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Las ideologías se ponen a menudo por delante de las ideas 

En su reciente artículo titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”, afirma que el uso genérico del masculino no es una forma de sexismo, sino un rasgo propio de nuestro idioma. ¿De dónde cree que ha podido surgir la idea que sostiene lo contrario?

Probablemente de los Estados Unidos. El texto al que usted se refiere produjo un considerable revuelo, pero en realidad hubo más reacciones viscerales que razonamientos y argumentaciones. Todos (incluidos los académicos, por supuesto), estamos absolutamente en contra del sexismo en el lenguaje. En lo que no estamos de acuerdo es en cuáles son exactamente los usos sexistas, o en cómo se distinguen estos de los no sexistas. Pero no se percibe demasiado interés en entrar en estas cuestiones. La razón es, simplemente, que las ideologías se ponen a menudo por delante de las ideas. Sucede como en la política, el deporte, la religión y otros ámbitos de la vida en los que carece de sentido tratar de convencer al interlocutor con argumentos que contradigan sus más íntimas convicciones o sentimientos.

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Los lingüistas no centramos nuestro trabajo en la corrección de los textos, sino en investigar cómo es y cómo funciona la lengua… 

¿Cómo valora el discurso político y periodístico en cuanto a corrección gramatical en España? ¿Hasta qué punto considera que este puede influir en el “ciudadano de a pie”?

Creo que su pregunta posee dos vertientes. Por una parte —y sé que esto resulta sorprendente para las personas que nos observan desde fuera— los lingüistas no centramos nuestro trabajo en la corrección de los textos, sino en investigar cómo es y cómo funciona la lengua. Por establecer una analogía sencilla, nuestra labor está más cerca de la de un sociólogo, que analiza la sociedad, que de la de un juez, que aplica las leyes. No se parece tampoco a la labor de un parlamentario, que contribuye a crear esas leyes, ni a la de un policía, que vigila su cumplimiento. Pero por otra parte, y esta es la segunda vertiente, nos interesa sumamente la educación lingüística de los jóvenes, entre otras muchas razones porque el dominio del lenguaje garantiza el acceso al mundo laboral en igualdad de oportunidades. Cuando alguien me pregunta por qué tiene que preocuparse de escribir correctamente si pretende acceder a un trabajo que no tiene ninguna relación con la lingüística, siempre le contesto que —afortunadamente para todos—, en un gran número de profesiones solo se progresa si a las habilidades profesionales que ese trabajo requiera se añade un buen dominio del idioma.

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Algún día tendrá que plantearse una reforma profunda de la enseñanza de la lengua en la Escuela Secundaria y el Bachillerato

Por último, como mera curiosidad, ¿podría mencionarnos alguna incorrección lingüística con la que se haya topado en algún momento de su vida y que ya nunca haya podido olvidar?

No recuerdo ahora ninguna con los rasgos que usted señala, pero sí he reparado muchas veces en que los errores se producen por confundir palabras de sentido próximo o estructuras sintácticas cercanas. Aprovecho su pregunta para insistir en que algún día tendrá que plantearse una reforma profunda de la enseñanza de la lengua en la Escuela Secundaria y el Bachillerato. Hoy está envuelta en un caparazón conceptual y teórico difícilmente penetrable, y los estudiantes lo notan cada día. En lugar de hacerles memorizar espesas terminologías, tendríamos que enseñarles a percibir matices y mostrarles la capacidad expresiva de las palabras. Se piensa tal vez que los términos técnicos sonoros y llamativos aportan seriedad y rigor científico, pero lo que hemos de transmitir a los alumnos en la Enseñaza Media es otra cosa. Es la relación íntima que mantenemos con nuestra lengua; un tipo de conocimiento mucho más cercano a la experiencia que a las complejas nomenclaturas que ahora pueblan los libros de texto. La teorización es necesaria, sin duda alguna, pero ha de dejarse para más adelante.

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Entrevista de Marina Casado Hernández

Madrid, 29 de junio de 2012.

 © Editorial Academia del Hispanismo

 

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