Interpretación de Campos de Castilla de Antonio Machado

26/04/2018 | La Dialéctica de Sofía

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Interpretación de Campos de Castilla de Antonio Machado

desde el espacio antropológico de Gustavo Bueno

 

Antonio García Contreras
Universidad de Granada

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En el presente trabajo nos proponemos interpretar Campos de Castilla, obra del poeta Antonio Machado, desde algunos de los criterios que ofrece el materialismo filosófico como teoría y crítica de la literatura a la manera que ya ha hecho Jesús G. Maestro con J.R. Jiménez, Cernuda o Aleixandre entre otros.

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1. En el presente trabajo nos proponemos interpretar Campos de Castilla, obra del poeta Antonio Machado, desde algunos de los criterios que ofrece el materialismo filosófico como teoría y crítica de la literatura a la manera que ya ha hecho Jesús G. Maestro con J.R. Jiménez, Cernuda o Aleixandre entre otros[1].

Campos de Castilla es una obra escrita entre 1907 y 1917, cuya primera edición corresponde a 1912. Supone el alejamiento de Machado del Modernismo de Soledades. Galerías. Otros poemas (1907) y un acercamiento a la poesía realista y al regeneracionismo de la generación del 98. Frente a su obra anterior, se caracteriza por abandonar la tendencia al solipsismo, adoptando una actitud crítica hacia la realidad que lo circunda, en lo que Cerezo Galán ha denominado como el paso del intimismo inicial al realismo dramático[2].

En los distintos poemas incluidos en esta obra codifica Machado una serie de ideas sobre España, sobre Dios, sobre el carácter castellano y andaluz o sobre la muerte, teniendo como marco general la observación del paisaje de las tierras de España.

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2. Para hacer inteligible la literatura de Machado vamos a valernos del recurso interpretativo del espacio antropológico que nos ofrece el materialismo filosófico de Gustavo Bueno[3]. Este espacio se construye para poder situar sistemáticamente la totalidad de los materiales que pueden considerarse como antropológicos. Es un espacio que supone que el hombre se relaciona con otras entidades no antropológicas de las cuales no se puede disociar.

El espacio antropológico es un espacio tridimensional, en el cual se distinguen un eje circular, otro radial y otro angular. Se opta por una denominación geométrica de los ejes para evitar cualquier tipo de confusión metafísica.

En el eje circular tenemos las relaciones del hombre consigo mismo, pero no en un sentido de reflexividad sino entendiendo al hombre como una totalidad múltiple y heterogénea. Esto quiere decir que los materiales antropológicos incluidos en el eje circular son aquellos que brotan de las relaciones que unos hombres tienen con otros en tanto que hombres[4].

Si nos situamos en el eje radial, encontramos las relaciones que los hombres tienen con entidades no personales y desprovistas de inteligencia, lo que se suele identificar con “las relaciones del hombre con la naturaleza”, que en este caso no sería otra cosa que lo inanimado e inhumano.

Finalmente tenemos el eje angular, que designa aquellas relaciones con otras entidades no antropológicas pero que sí poseen inteligencia, y hacia las cuales los hombres desarrollan posturas de temor, amistad, etc. Aquellas entidades con las que se relacionan los hombres en este eje son los númenes que tradicionalmente fueron identificados con los démones y otras figuras fantásticas que de alguna manera entraban en contacto con los hombres, culto expresado hoy en día en la búsqueda pseudocientífica de vivientes extraterrestres. Sin embargo, estas relaciones no son meramente imaginarias, sino que están ontológicamente fundadas en la relación de los hombres con ciertos animales en tanto que los primeros son envueltos por los segundos. Es en este eje en el cual se puede situar el núcleo originario de la religión desde un punto de vista materialista[5].

Como se puede comprobar a simple vista, este espacio antropológico es una reformulación materialista del espacio tridimensional de la metafísica clásica que distinguía entre Alma, Mundo y Dios y que tiene la virtud de no resolverse cercenando un eje sino reformulándolo en términos no espiritualistas. La potencia filosófica del espacio antropológico se verá en tanto que sea capaz de interpretar y reinterpretar desde sus propias coordenadas los distintos materiales antropológicos y, en este caso, los materiales antropológicos codificados en la literatura.

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3. El primer eje del espacio antropológico a considerar en Campos de Castilla sería el eje radial, o sea el referido a las relaciones con entidades no personales y sin inteligencia. Machado describe extensamente el paisaje castellano en poemas como «Orillas del Duero», «Las encinas» o «Campos de Soria». En dichos poemas nos presenta una tierra árida y adusta que refleja la dureza de la vida en dichos lugares. También establece imágenes de construcciones humanas en las cuales no se observa vitalidad social. Sirva como ejemplo el poema titulado «Noche de verano»:

Es una hermosa noche de verano.
Tienen las altas casas
abiertos los balcones
del viejo pueblo a la anchurosa plaza.
En el amplio rectángulo desierto,
bancos de piedra, evónimos y acacias
simétricos dibujan
sus negras sombras en la arena blanca.
En el cénit, la luna, y en la torre,
la esfera del reloj iluminada.
Yo en este viejo pueblo paseando
solo, como un fantasma.

Como se puede ver, en este poema el poeta se sitúa en un espacio antropológico unidimensional en el cual se encuentra él solo rodeado de referentes impersonales. Por ello, podemos decir que la presencia del eje radial en estos poemas de Campos de Castilla se establece especialmente en la descripción de los paisajes que encuentra en la zona del alto Duero o posteriormente del campo baezano. Machado inserta materiales radiales no solo a través de elementos “naturales” sino también de otros como «El hospicio» o la lejana visión de la ciudad de Soria que desarrollada en «A orillas del Duero», transmitiendo una idea de decadencia y abandono a través de la exclusión del eje circular.

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4. Sin embargo, el espacio antropológico objetivado en la obra de Machado no es unidimensional, sino que en la mayoría de ocasiones aparece entrelazado el eje circular junto con el eje radial. Este eje circular designa, a saber, las relaciones de los hombres entre sí, y Campos de Castilla se caracteriza por señalar la determinación que ejerce la tierra (eje radial) en el desarrollo de estas relaciones. Como ejemplo, tenemos este fragmento de «Por tierras de España»:

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

En poemas como este, o en otros como «Un criminal», describe un tipo de hombre que considera característico del campo castellano, capaz de “insanos vicios y crimines bestiales” a causa de la dureza de la vida que se ve obligado a tener. De esta manera, las descripciones de elementos radiales sirven para situar su crítica a las relaciones circulares, políticas y sociales, que se dan en el seno de la sociedad rural castellana. En las ediciones ampliadas de Campos de Castilla, en las que incluye poemas escritos ya en Baeza y de temática andaluza, podemos encontrar también críticas a elementos circulares a partir de la descripción de elementos radiales siendo el caso más evidente el de el poema «Los olivos». Sin embargo, el ejemplo más característico de esto es el romance «La tierra de Alvargonzález» en el que encontramos fragmentos como este:

Mucha sangre de Caín
tiene la gente labriega,

y en el hogar campesino
armó la envidia pelea.

Casáronse los mayores;
tuvo Alvargonzález nueras,
que le trajeron cizaña,
antes que nietos le dieran.

La codicia de los campos
ve tras la muerte la herencia;
no goza de lo que tiene
por ansia de lo que espera.

Machado nos da una imagen muy negativa del hombre castellano, envidioso y cainita, que en principio se podría pensar muy cercana a la que podrían dar hoy en día aquellos que se encuentran imbuidos por la leyenda negra[6]. Sin embargo, su visión no se queda ahí, pues frente a los hermanos parricidas de Alvargonzález contrapone al hermano indiano, honrado y trabajador, y frente al presente de miseria contrapone el pasado heroico de Castilla. En estos poemas, Machado recuerda las hazañas de la reconquista y del Imperio, llegando a hablar en «A orillas del Duero» en estos términos:

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.

La descripción de los materiales radiales del espacio antropológico sirve ahora para realizar un esbozo de análisis histórico. Machado regresa sobre la historia de la tierra de Castilla a través de la visión del paisaje soriano y señala desde esta perspectiva histórica la decadencia actual de Castilla y de sus gentes. Su visión positiva de este pasado lo aleja desde luego de aquellos como Costa que querían una “doble llave al sepulcro del Cid” porque no interpreta la historia de España como un error continuo, sino que señala el contraste entre una época pasada de esplendor y un presente abúlico. Nada más alejado de las ideas objetivadas por Machado en estos poemas que las tesis de la invertebración de España por la poca germanidad de la sangre visigoda que defendió pocos años después Ortega en una obra que podemos calificar como nefasta[7].

Sin embargo, igual que sería un error querer ver en Machado a alguien que niega o rechaza la historia de España, también lo sería querer verlo como un autor que se complace en recreaciones del pasado. En poemas posteriores como «Del pasado efímero», «Llanto de las virtudes y coplas por la muerte de don Guido», «El mañana efímero» o «Una España joven», hace una dura crítica de la España de su época y también de la España pasada, pero refiriéndose al pasado inmediato, es decir, a la España de la Restauración. Este es el fragmento final de «Del pasado efímero» referido al hombre tipo del régimen del 76:

Este hombre no es de ayer ni es de mañana,
sino de nunca; de la cepa hispana
no es el fruto maduro ni podrido,
es una fruta vana
de aquella España que pasó y no ha sido,
esa que hoy tiene la cabeza cana.

Frente a este modelo de individuo, que el mismo Machado considera apartado de la tradición hispana, podemos contraponer el modelo que expresa en fragmento final de «El mañana efímero» y que el propio autor identifica con “el pasado macizo de la raza”:

Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

En definitiva, podríamos concluir que las ideas que Machado ofrece con respecto al eje circular del espacio antropológico son críticas, su finalidad parece ser la de ejercer de revulsivo ante la situación social, económica, política, etc. del país. En el replanteamiento de las relaciones circulares tal y como venían desarrollándose desde la Restauración vería la solución fundamental a los problemas que los regeneracionistas señalaban como los más graves de España.

Contrariamente a lo que se podría creer en un primer momento, Machado no establece una determinación absoluta entre la tierra (eje radial) y las características de las relaciones sociales en la Castilla y Andalucía actuales (eje circular). Señala que los valores de la juventud y el trabajo, que considera que servirán para hacer surgir una nueva España, son más identificables con el pasado heroico de Castilla que la caracterización negativa que ofrece del hombre actual, por lo que la España que busca no sería una creación ex nihilo, sino que retomaría líneas históricas muy profundas.

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5. A la hora de investigar las manifestaciones del eje angular en esta obra de Machado, deberíamos considerar qué tipo de relaciones se pueden establecer con los númenes, es decir, con los vivientes no personales. Podríamos considerar las relaciones con ciertos animales, las relaciones con otros hombres que no son considerados como tal, es decir, que no se consideran desde el eje circular y finalmente tener en cuenta las relaciones ideales con vivientes incorpóreos como puede ser el Dios de las religiones terciarias o teológicas[8].

En el primer sentido, la presencia del eje angular es anecdótica y es mero complemento del eje radial, incluyendo en las descripciones de paisajes a un buitre, ovejas, ruiseñores, etc. que no podríamos considerar que aparezcan en un contexto envolvente sobre los hombres. En el sentido de las relaciones con otros hombres no consideradas ni desde el eje circular ni desde el eje radial, tenemos las relaciones que se establecen en la capa cortical, la capa exterior, del cuerpo de la sociedad política[9].

En esta segunda acepción tenemos, junto de las ocasionales referencias al carácter guerrillero de Castilla, un poema incluido en los «elogios» titulado «España en paz». En él habla Machado de la posición de España en el contexto europeo de la Gran Guerra, y celebra que no participe sin llegar a caer en un fundamentalismo pacifista, pues afirma:

¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola.
¡Salud, oh buen Quijano! Por si este gesto es tuyo,
yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española,
si no eres paz cobarde, sino desdén y orgullo.

De esta manera, Machado celebra que España rechace establecer relaciones angulares y que salvaguarde su paz, matizando que esta paz es valiosa si se entiende como un rechazo a participar en una guerra innecesaria, esperando para mostrar al mundo hazañas verdaderas cuando sea el momento. Si entendiéramos la paz hispana como simple impotencia, entonces su valor sería nulo. Esta posición recuerda a la que Gustavo Bueno expresa al final de su artículo «España», en el que define ser español como un modo de estar que no descarta el “estar a la espera” de que se presente una ocasión cualquiera de intervenir en el mundo de un modo digno de ser inscrito en la Historia Universal[10].

Finalmente podemos encontrar manifestaciones del eje angular al apelar ambiguamente al Dios teológico en algunos poemas del “ciclo de Leonor” o en los «Proverbios y cantares». Este es un fragmento de «La saeta», poema en el que muestra su intención de alejarse de la religiosidad oficial:

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

La metáfora machadiana del mar representa tanto la muerte como lo misterioso, el mundo no interpretado[11], la negación del “Jesús del madero” frente “al que anduvo en el mar” es la muestra de la vaga religiosidad de Machado. Esta forma de creencia en un Dios más allá del rito y la oficialidad es el resultado de la influencia que tuvo en su educación el krausismo de la Institución Libre de Enseñanza en la que se educó. Los krausistas[12] creían en una vaga divinidad acorde con la naturaleza y la Humanidad en una armonía idealista, y Machado participó de esta idea aunque no lo objetivara de forma clara en su obra por lo que a través de esta solo podemos vislumbrar un teísmo difuso.

Otro poema en el que objetiva estas ideas teológicas es el que se titula «El dios ibero». En el citado poema, Machado critica la manera que tiene el hombre castellano de ejercer la religiosidad:

«¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y de venganza,
a ti, en un dado de tahúr al viento
va mi oración, blasfemia y alabanza!»

Este tipo de hombre alaba a Dios cuando le va bien y blasfema cuando las cosas le van mal, es decir que su religiosidad está subordinada a cómo le va la vida. Frente a esto, Machado propone una alternativa:

Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
no está el mañana —ni el ayer— escrito.
¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.

Esta nueva forma de creer, no solo sería para Machado menos hipócrita, sino que estaría más de acuerdo con las características del campo castellano. Esto quiere decir, traducido a nuestras coordenadas, que Machado busca modificar las relaciones antropológicas angulares para hacerlas coherentes con las relaciones radiales, desarrollando lo que para él sería una religiosidad genuinamente hispana.

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6. Para terminar, afirmamos que desde el espacio antropológico de Gustavo Bueno se puede interpretar a un Machado que da prioridad por encima de todo a las relaciones codificadas en el eje circular, que son las que centran la mayoría de sus preocupaciones y es donde derivan la mayoría de sus poemas. Por otro lado también concluimos que Machado afirma la coordinación necesaria entre los tres ejes que forman dicho espacio antropológico, teniendo al eje radial como centro de esta coordinación. Es decir, que la forma más racional de desarrollar el eje circular y el eje angular es en coherencia con la disposición del eje radial. Esto se objetiva en su reivindicación de una religiosidad austera y sincera y en la defensa de los valores del racionalismo, el trabajo y la juventud acordes con la dureza del campo castellano.

Por todo esto, podemos considerar que Campos de Castilla pertenece a la familia literaria de la literatura crítica o indicativa[13], que se caracteriza por estructurar saberes racionales y críticos además de por el uso de procedimientos trasductores o generadores de los materiales literarios. Esto quiere decir que las obras que pertenecen a la literatura crítica o indicativa construyen e interpretan los materiales literarios enfrentándolos dialéctica y críticamente al mundo interpretado (Mi).

Entendemos que el libro objetiva una serie de ideas cuyo fin es ejercer de revulsivo sobre la situación política y social de España cuando el régimen de la Restauración exhalaba los últimos estertores. De la misma manera que podemos considerar que las Novelas ejemplares de Cervantes son las ascuas de un Imperio que comenzaba a decaer[14], Campos de Castilla es una llamada de atención ante la decadencia de la nación heredera de ese Imperio. Machado busca incentivar un cambio de rumbo sobre la desidia y falta de compromiso que cree que caracterizan a los españoles de su tiempo.

Sería un trabajo interesante y sin duda necesario el de señalar si estas ideas son identificables con alguna de las generaciones de izquierda que distingue Gustavo Bueno[15]. El primer paso para lograr este propósito sería sin duda reivindicar el hecho, por otro lado evidente, de que Machado es incompatible con cualquier ideología que incluya en sus planes y programas, de una forma u otra, la negación o la destrucción de España.

 

 

Bibliografía

  • Bueno, Gustavo (1972) Ensayos materialistas, Madrid, Taurus.
  • Bueno, Gustavo (1978), “Sobre el concepto de espacio antropológico”, El Basilisco, 5. Reed. en El sentido de la vida. Seis lecturas de filosofía moral, Oviedo, Pentalfa, 1996.
  • Bueno, Gustavo (1985), El animal divino, Oviedo, Pentalfa, 1996 (2ª ed.).
  • Bueno, Gustavo (1991), Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas, Logroño, Biblioteca Riojana.
  • Bueno, Gustavo (1998), “España”, El Basilisco, 24 (27-50).
  • Bueno, Gustavo (2003), El mito de la izquierda: las izquierdas y la derecha, Barcelona, Ediciones B.
  • Cerezo Galán, Pedro (1975), Palabra en el tiempo, Madrid, Gredos.
  • Krause, Karl (1811), Ideal de la Humanidad para la vida, Alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 1999. Ed. de Julián Sanz del Río.
  • Machado, Antonio (1907-1917), Campos de Castilla, Madrid, Cátedra, 2006. Ed. de Geoffrey Ribbans.
  • Maestro, Jesús G. (2007), Las ascuas del Imperio. Crítica de las Novelas ejemplares de Cervantes desde el materialismo filosófico, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo.
  • Maestro, Jesús G. (2014), Contra las Musas de la Ira. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Oviedo, Pentalfa Ediciones.
  • Maestro, Jesús G (2018), La filosofía de los poetas, Madrid, Verbum.
  • Ortega y Gasset, José (1921), La España invertebrada, Madrid, Espasa-Calpe, 1991.
  • Roca Barea, María Elvira (2016), Imperiofobia y leyenda negra, Madrid, Siruela.
  • Vélez Cipriano, Iván (2014), Sobre la leyenda negra, Madrid, Encuentro.

 


Notas

[1] Véase Maestro (2018).

[2] Véase Cerezo Galán (1975).

[3] Véase Bueno (1978).

[4] Pues también podrían relacionarse con otros hombres pero considerándolos como mercancías o como seres numinosos, lo cual no pertenecería al eje circular, sino al radial y al angular respectivamente.

[5] Véase Bueno (1985).

[6] Para un estudio actualizado del asunto léanse la obra de Iván Vélez (2014) o la de Mª Elvira Roca Barea (2016).

[7] Véase Ortega y Gasset (1921).

[8] Bueno (1985).

[9] Véase Bueno (1991).

[10] Véase Bueno (1998).

[11] Véase Bueno (1972).

[12] Véase Krause (1811).

[13] Véase Maestro (2014).

[14] Véase Maestro (2007).

[15] Véase Bueno (2003).

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