La Idea de lo Clásico

14/01/2018 | Crítica Bibliográphica

La Idea de lo Clásico

Carmen Aljibe Varea
Universidad de Alicante

 

La Idea de lo Clásico,
Pedro Aullón de Haro y Emilio Crespo (eds.)
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Madrid, Instituto Juan Andrés de Comparatística y Globalización,

Fundación Pastor de Estudios Clásicos, 2017, 368 pp.
ISBN: 978-84-946603-1-3

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Si bien pudiera pensarse que sobre La idea de lo Clásico define una materia sobre la que ha corrido tanta tinta como la multitud de campos en los que el término clásico distintivamente figura, nunca se había afrontado un estudio sobre la fundamentación de lo clásico como valoración general estética y considerado a su vez en relación con la serie de disciplinas, en especial de la Literatura y las Bellas Artes, pero también las ciencias.

El volumen que editan Pedro Aullón de Haro y Emilio Crespo en el Instituto Juan Andrés de Comparatística y Globalización es fruto de una extraordinaria investigación desarrollada en la Fundación Pastor de Estudios Clásicos en colaboración con el Grupo de Investigación Humanismo-Europa. La obra se articula mediante tres ejes temáticos y reúne un total de veinticinco estudios sobre la configuración de la idea de lo clásico como categoría de pensamiento eminentemente humanística, sin que esto excluya el aspecto científico ni otras consideraciones de sentido ampliamente artístico. La primera parte se centra en el fundamento y orígenes de la idea y el término, de la discusión filológica y filosófica; una segunda se organiza atendiendo al estadio de las diferentes disciplinas y artes, tanto de ciencias como de letras; y una tercera presenta estudios agrupados según tradiciones y núcleos culturales.

Tras el ilustrativo Prefacio y el primer artículo de Aullón de Haro, “La ideación de lo clásico”, así como en el resto de estudios en esta parte recogidos, ya se hace patente el ambicioso proyecto intelectual propuesto. El estudio de lo clásico surge precisamente ahora que parece haber perdido su centralidad teórica y práctica, no sólo en Occidente, sino también en la cultura china, por más que perviva el vocablo en la tradición como ideal y se conserve un pasado textual y unas obras plásticas que se pueden denominar clasicistas. Este autor atribuye el olvido del estudio teórico de lo clásico al abandono actual de las ideas estéticas, así como al alejamiento entre Filosofía y Filología, cuando de hecho comparten en Occidente un origen común: el logos. Pero además, la triunfante hermenéutica de Gadamer ha cercenado el pensamiento de lo clásico. Aullón de Haro, que hace una fuerte crítica de Gadamer, sitúa con Dilthey la cuestión de lo clásico en la “actitud” y mediante un concepto de “valor” que supera los límites de una categorización “superpuesta”. Entiende por demás que lo clásico es una realización estético-ética que se manifiesta en los diferentes estadios de la cultura y que entre la abstracción teórica y la particularidad morfológica, va más allá de una mera categorización histórico-estilística, por más que este último enfoque haya sido el predominante sobre todo desde que Hegel circunscribiera lo clásico a la cultura griega del pasado contraponiéndolo a lo romántico. Se propone, pues, para el estudio de la idea de lo clásico fórmulas de síntesis y realizar una selección paradigmática entre las muestras particulares del clasicismo en la literatura y las artes plásticas a lo largo de la historia y con apertura a diferentes civilizaciones, considerando su dimensión de cualidad o valor, en cuanto ejemplar, observable tanto en la cultura occidental como en la asiática.

Una serie de artículos despliega en esta primera parte la historicidad de lo clásico en la cultura grecolatina pero también en la cultura clásica china. Los estudios de  Emilio Crespo, Juan Francisco Mesa y Antonio Piñero se centran en el largo proceso de producción y selección de la cultura y el pensamiento griego y latino, y, por otro lado, en la formación de los cánones de la Biblia en cuanto sustentan culturalmente nuestra civilización occidental. Emilio Crespo muestra cómo la idea de lo clásico en la Antigüedad grecolatina se fue formando en un largo proceso vinculado a la cultura escrita que puede ser reconstruido teniendo en cuenta el acopio de obras literarias desde el siglo IV a.C., la fundación de bibliotecas y la elaboración de catálogos de autores y obras literarias, dando lugar a lo que más tarde se ha denominado canon, al tomar prestado este vocablo del que se aplicaba originariamente a la selección de los libros “inspirados“ que conformaron la Biblia. De los detalles de la formación de este canon sagrado, Nuevo y Antiguo Testamento, y según las tradiciones católica, protestante y judía, da cuenta Antonio Piñero. A continuación Carlos García Gual subraya la pervivencia de los clásicos y su actualidad para dotar al lector actual de capacidad crítica, precisamente por su carácter atemporal, en tanto que Esther Zarzo analiza el concepto de traducción clásica, hasta ahora desatendido. El artículo “La idea de lo clásico en la cultura china” de García Gabaldón y Ruojun Chen, situado inmediatamente después de la exposición del origen de lo clásico en la cultura occidental, es fiel reflejo de la opción metodológica comparatista que la obra despliega, y centra el confucionismo en el centro de la cultura clásica china, en la formación de un canon acumulativo de carácter ético y literario,  siempre abierto y vinculado a una larga tradición hermenéutica.

La segunda sección de la obra, dedicada a lo clásico según las artes y ciencias, inicia con el examen de lo clásico en Filosofía por Fernando Pérez Herranz, que entre otras cosas se plantea si los clásicos modernos, en tanto vinculados al discurso nacionalista desde el siglo XIX con sus fatídicas consecuencias en la Shoah, pueden seguir denominándose en justicia clásicos, esto es, ejemplares. Continúan trabajos que reflexionan sobre lo clásico en relación con las Ciencias y las Letras. La actualizada memoria de los autores de la Antigüedad clásica se presenta cargada de sentido en la Medicina, pues según María Victoria Utrera, permiten la recuperación de lo humano integral; en Matemáticas, Paloma Ortiz, discierne cómo los clásicos representan el momento en el que se estableció la base del desarrollo posterior a partir de una larga tradición de transmisión e interpretación de textos, esto es de la mano del estudio filológico. Diferente significado, sin embargo, recibe lo clásico en Física donde no es fundamentalmente relativo a los antiguos. Tampoco lo clásico en Economía, según Ramón Imaz Franco, coincide con los textos antiguos clásicos, sino con sus fundadores del siglo XVIII. Davide Mompelli realiza una selección de los autores de teoría del Arte históricamente más significativos en relación con lo clásico y el clasicismo desde el Renacimiento hasta la actualidad pasando por el decisivo redescubrimiento de la escultura griega por Winkelmann. Pero, si en las artes plásticas el referente de la Antigüedad es clave para impulsar la idea de lo clásico, no sucede lo mismo con la Música. Según Alberto Hernández Mateos lo clásico expresa una visión elitista, normativa e intemporal, que, tras buscar una fundamentación teórica y un entronque con la tradición por la vía de la retórica, la encuentra en el idealismo del XVIII y en lo sublime. Finalmente, tampoco la idea de lo clásico en el cine parece guardar relación inmediata alguna con la Antigüedad grecolatina, según opinión de David Caldevilla, quien observa que el término clásico se asigna a todo aquello que ha resultado ejemplar en su desarrollo posterior.

La tercera parte de la obra trata sobre todo de las literaturas consideradas clásicas en diferentes tradiciones y núcleos culturales. También aquí los casos de las literaturas árabe y filipina investigados por Isaac Donoso permiten la lectura comparada con otras literaturas estudiadas en el volumen. El primero capítulo de esta serie, lógicamente, se dedica a lo clásico en la literatura italiana, que según María de las Nieves Múñiz abarca desde el decisivo diálogo entablado por los literatos del siglo XV con el legado de la Antigüedad, quienes desde la imitatio abrieron cauce a las literaturas occidentales en romance, hasta su supervivencia en la actualidad. Las cuestiones de categorización de lo clásico en la literatura española es recogido con detenimiento mediante tres estudios realizados por José María Ferri Coll, Mariángeles Rodríguez y Vicente Cristóbal, que tratan respectivamente los marbetes de ‘Siglo de Oro’ y de ‘teatro clásico español’, así como la pervivencia de la materia clásica grecolatina. Ricardo Miguel Alfonso subraya sobre todo la fuerte conciencia que existe del carácter formativo de la Antigüedad en la cultura literaria inglesa y norteamericana, mientras Natalia Timoschenko discrimina el complejo de ideas en torno a lo clásico y el clasicismo que concurre en la cultura rusa, entre el influjo del Neoclasicismo francés y el Neohelenismo alemán y el nacimiento de la propia literatura sobre el sustrato de los otros antiguos, los griegos bizantinos, sin olvidar cierto mesianismo que recorre toda la cultura rusa. El artículo de Rosario Martí, por su parte, desarrolla la regeneración del clasicismo griego en Alemania impulsado a partir de Winkelmann y desarrollado en muchos ámbitos de la mano de sus principales protagonistas: Humboldt, Lessing, Schiller, Hölderlin Hegel, Herder y Goethe, todos ellos decisivos para la modernidad. Finalmente, dos planteamientos, de Jesús G. Maestro y Alfonso Silván, cierran el volumen, siendo la primera de ellas un estudio sobre la función que desempeña la idea de la literatura clásica en la genealogía de la literatura desde el punto de vista del materialismo filosófico.

En suma, si lo clásico “tiene y seguirá teniendo diversos significados en contextos diversos”, como afirmara Eliot, y en disciplinas y artes diversos, esa riqueza de significaciones y problemas éticos e históricos exige el estudio estético. Así se propone y realiza en esta importante y concienzuda obra cuya amplitud de miras y capacidad de penetración modifica radicalmente el estado de cosas sobre la materia.

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