Los cacahuetes de Jacinto Benavente

25/09/2011 | Neo-Crítica

Los cacahuetes de Jacinto Benavente

Juan A. Ríos Carratalá
Ja.rios@ua.es

 

El 7 de mayo de 1944, los lectores de ABC fueron informados de que Jacinto Benavente, tan ilustre como humilde, había comprado un cartucho de cacahuetes en la madrileña calle de la Victoria. La impactante noticia apareció acompañada de una foto, que mostraba al anciano dispuesto a pagar el estipendio porque, en realidad, era hombre de caprichos gastronómicos algo infantiles. Los pasteleros de Atocha sabían de sus debilidades en materia de bollería fina.

Un periódico con tan exhaustiva vocación a la hora de informar acerca de los prohombres de la cultura, algo debía publicar por entonces sobre Rafael Altamira, aunque permaneciera en el exilio. Su caso era singular desde el momento en que la Junta de Burgos le dejó marchar a La Haya. Allí trabajó en el Tribunal de Justicia Internacional, hasta que los nazis le obligaron a refugiarse en Bayona, desde donde saldría en 1944 con destino a USA atravesando España bajo protección diplomática para embarcar en Lisboa.

Los datos son conocidos, pero me interesaba establecer el tratamiento dado por ABC a este “liberal clásico” durante el franquismo. La consulta en la hemeroteca digital  fue sencilla y el resultado superó cualquier expectativa acerca del silencio o el desprecio en tiempos de la Victoria. La primera referencia a Rafael Altamira es su esquela (3-VI-1951), y porque fue pagada por su hijo Rafael, residente en Madrid y bien relacionado con el franquismo. También apareció ese mismo día una nota necrológica, aunque de tres líneas. Las suficientes para informar de su fallecimiento en Méjico, donde residía por motivos no especificados.

Rafael Altamira fue tan republicano como prudente en sus declaraciones acerca de la guerra civil. El alicantino pudo volver mucho antes que José Ortega y Gasset, pero optó por la coherencia y el franquismo le envolvió en el silencio. La actitud de ABC es sintomática y continuó más allá de su muerte. Alguna cita o referencia indirecta, pero ni un solo artículo dedicado a recordar la trayectoria de quien no quiso ser partícipe de una Victoria que consideraba ajena e irracional. El precio fue el silencio de ABC, un diario que se mostró magnánimo con los exiliados dispuestos a la palinodia.

Jacinto Benavente fue “un hombre péndulo” (Mª Teresa León) porque tenía vocación de gloria nacional. Pronto se hizo perdonar y hasta lo fotografiaban mientras compraba cacahuetes. Rafael Altamira optó por la coherencia mientras envejecía a la par que el dramaturgo. ABC le correspondió con un silencio que todavía estremece.

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