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12/03/2013 | Noticias

Biblioteca Dafne

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Con la publicación de Índice de motivos de las Historias caballerescas breves, Editorial Academia del Hispanismo inaugura su nueva colección Biblioteca Dafne, destinada específicamente a la publicación científica y difusión académica en soporte digital de aquellas obras que, por su especial contenido ―amplitud, complejidad de materiales gráficos e ilustrados, extensión de bases de datos y archivos documentales, iconografía y reproducción de manuscritos―, exigen un formato que rebasa las posibilidades del libro tradicional.

Editorial Academia del Hispanismo ofrece de este modo cobertura y difusión a un elevado número de obras de investigación científica cuya publicación es posible gracias a las aplicaciones tecnológicas y posibilidades digitales contemporáneas.

La obra que ofrecemos como número 1 de la colección se compone de 1.092 páginas, y pone a disposición de los investigadores un importante arsenal de motivos, novelas y concordancias, relativos a las historias caballerescas breves, minuciosamente indexados por su autora, Karla Xiomara Luna Mariscal, en un volumen único, de fácil acceso, manejable y perfectamente consultable en todos sus pormenores.

Cualquier lector o investigador interesado podrá adquirir las obras de la Biblioteca Dafne de forma inmediata, y recibirlas en soporte digital en su propio ordenador en apenas unos minutos a través de la página de internet de Editorial Academia del Hispanismo.

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Karla Xiomara LUNA MARISCAL
Índice de motivos de las Historias caballerescas breves
Motivos. Novelas. Concordancias
Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, 2013, 1092 pp. / 49,00 €
Edición exclusiva en PDF. Recepción inmediata on line
ISBN 978-84-15175-62-9

 

El presente trabajo se concluyó en 2009. Gracias al apoyo de Editorial Academia del Hispanismo ahora es posible su publicación. Dado que el campo de investigación en el que se inscribe — el del motivo literario, las historias caballerescas y la elaboración de índices— es muy dinámico, la reflexión metodológica y su plasmación pragmática ha desbordado los discursos iniciales en los últimos años.[1] He procurado incluir las referencias más significativas en la bibliografía final.[2] En torno al concepto de ‘motivo’ se han elaborado algunas de las teorías más significativas en el desarrollo de la crítica literaria moderna. En cuanto a los catálogos de tipos y motivos, pese a las críticas recibidas, son cada vez más numerosos, pues resultan de gran interés no sólo para los estudios comparativos tradicionales sino para nuevas áreas de investigación (asociaciones estilísticas y de fuentes, clarificación de relaciones entre oralidad y literatura, procesamiento de relatos individuales e incluso de antologías de textos). En última instancia, la utilidad primaria del trabajo de indexación es la de permitir la localización de unidades narrativas y, en este sentido, creo que la evolución de los medios tecnológicos disponibles permitirá la elaboración de herramientas que permitan una integración más coherente y totalizadora de los materiales catalogados.

Este trabajo, consagrado a la indexación, se inscribe en la esfera de investigación abierta por Anita Guerreau-Jalabert y, para el ámbito hispánico, por Juan Manuel Cacho Blecua. Ambos preocupados por disponer de instrumentos que permitieran la localización de motivos narrativos representativos del vasto conjunto narrativo de la literatura artúrica y de la caballeresca hispánica, respectivamente. Respecto a los libros de caballerías castellanos, contamos ya con dos índices que vieron la luz en 2007 y 2008 respectivamente (el de Ana Carmen Bueno Serrano y el de Kristin M. Neumayer).[3]  En cuanto al corpus de las historias caballerescas breves, éste es el primer índice que las cataloga.[4]

La principal dificultad teórica que el corpus ha planteado a la crítica ha sido la de su unidad como ‘modelo literario’.[5] Los problemas temáticos y estructurales de esas obras, por tener su origen en tradiciones literarias muy diversas y por ser en muchos casos traducciones de textos franceses, ha llevado a Víctor Infantes a considerar este modelo narrativo desde un punto de vista externo, al referirse a él como ‘género editorial’, pues frente a la dificultad que presenta su ‘(re)ordernación’ como género literario, “la homogeneidad de su transmisión a lo largo de los siglos los identifica como un elaborado producto –perfectamente codificado editorialmente- de un grupo de impresores, respondiendo a una estrategia comercial precisa” (“La narración caballeresca breve”, p. 179). Sin embargo, y como el mismo Infantes reconoce, el carácter externo de este criterio no resuelve la disparidad argumental y estructural de estas obras. El investigador ya había señalado las vinculaciones y paralelismos de algunos textos –no del conjunto como entidad genérica- con el cuento, la novela corta y la oralidad.[6]

Entre la más reciente aportación al estudio de las historias caballerescas breves quiero destacar el análisis que Fernando Gómez Redondo les dedica en el volumen dos de su reciente y monumental Historia de la prosa de los Reyes Católicos (Madrid, Crítica, 2012).[7] El autor no sólo toma en cuenta la dimensión sincrónica de las obras, al estudiarlas ampliamente en relación con el contexto histórico y socio-cultural en el que se inscriben (iluminando así numerosas facetas constructivas y significativas de este corpus); sino la dimensión diacrónica, al proyectarlas sobre su tradición textual (en gran parte analizada en su Historia de la prosa medieval castellana). Es muy significativo que en su estudio destaquen como herramientas privilegiadas de análisis los motivos literarios que componen las distintas historias y que le permiten engarzar estos textos en su recepción histórica (elemento sincrónico), por un lado, y en su evolución respecto a sus fuentes (elemento diacrónico), por otro, subrayado así la riqueza de su transformación y adaptación

Debido, por un lado, a la utilidad de la categorización del género como ‘editorial’, y, por otro, a la coherencia de la delimitación del modelo narrativo que da este principio, en este índice he primado a las historias caballerescas breves ‘impresas’ (las Historias caballerescas del siglo XVI y la Chrónica del rey Guillermo de Inglaterra, editadas por Baranda en 1995[8] y en 1997, principalmente), dejando aparte los testimonios manuscritos; sin desconocer por ello la valiosa naturaleza contrastiva que suponen como ‘historias caballerescas breves manuscritas’. También forman parte de este índice la Ystoria del noble Vespesiano (Sevilla, 1499), en la edición de Raymond Foulché-Delbosc (1963);  La Historia de Apolonio (Zaragoza, 1488?), editada por Manuel Alvar (1976); y La Historia del Abad don Juan de Montemayor (Toledo, ca. 1500), editada en el clásico Historia y epopeya de Ramón Menéndez Pidal (1934); pues por sus características internas y editoriales pueden ser consideradas dentro de este corpus. Los relatos que conforman el Índice pertenecen tanto al género editorial como al modelo de las historias caballerescas breves. Como apéndice incluyo La Visión de don Túngano (Sevilla, 1526), en la edición de John. K. Walsh (1985),  porque aunque no puede considerarse dentro del corpus ofrece valiosos elementos de contraste. La Visión es una obra que por todas sus características externas pretende asimilarse a las historias breves, aunque nada tiene que ver con ellas. Se necesita también un contenido.[9]

Un elemento interno que cohesiona la diversidad del corpus es el abundante empleo de materiales folclóricos, por un lado, y de motivos provenientes de una tradición teórica de la caballería, por otro. Los motivos revisten un interés especial por encontrarse en el vértice de la conformación interna y externa de este modelo genérico. En el aspecto interno porque la brevedad condicionante del corpus sólo puede sostenerse gracias al uso de estas unidades narrativas y descriptivas altamente referenciales para una colectividad. En el aspecto externo porque a través de ellos se establece la relación con el acervo tradicional de cada cultura, condición determinante para la aceptación y difusión de estas obras ante un gran número de lectores. Se justifica así, desde una perspectiva interna, la necesidad de un índice de motivos específico para este grupo de obras; pero también desde una perspectiva externa, dada la amplitud del corpus formado por la literatura caballeresca. La confección de este índice tiene como objetivos primordiales:

a)     Facilitar la localización de motivos en el corpus caballeresco breve

b)    Posibilitar análisis intratextuales e intertextuales proyectados sobre 1) otros modelos genéricos, 2) otros textos pertenecientes al mismo corpus, y 3) el interior de cada obra (leitmotiv)

Una de las directrices primordiales en la elaboración de esta herramienta fue que permitiera el establecimiento de unos estereotipos narrativos y descriptivos propios a través de la distinta combinatoria de motivos. Tal es el objetivo de los trabajos que preceden a los índices. En el capítulo uno reviso, desde la pragmática, los principales problemas planteados por el motivo literario con relación a la elaboración de un índice de las historias breves. El estudio del corpus a partir de los índices se presenta a través de un análisis de frecuencias y de distribución de los motivos (capítulo dos) y de la relación que ciertos motivos temáticos y estructurales mantienen con otros modelos narrativos (capítulo tres).

Parto de la aceptación implícita de la pragmática del motivo que guía la elaboración del Motif-Index de Stith Thompson, pues resulta un referente de máximo interés por haber sido concebido bajo un criterio utilitario, el mismo que prima en este trabajo. Soy consciente de los problemas epistemológicos y metodológicos que plantea su elección (la ambigüedad, los límites imprecisos en la definición de motivo, los distintos grados de abstracción en los que se registran estas unidades); sin embargo, la obra se ha convertido en un texto básico de referencia internacional y ha dado lugar a una extensa serie de catálogos, como los de John Esten Keller (Motif-Index of mediaeval Spanish exempla), Dominic Peter Rotunda (Motif-Index of the italian novella in prose), Gerarld Bordman (Motif-Index of the English metrical Romances) y Harriet Goldberg (Motif-index of folk narratives in the pan-hispanic romancero y Motif-index of medieval Spanish folk narratives), aplicados a distintos corpora y géneros literarios. Destaca especialmente su aplicación al ámbito de la literatura artúrica (Guerreau-Jalabert, Index des motifs narratifs dans les romans arthuriens français en vers), cuyo corpus constituye una tradición imprescindible en la conformación de los libros de caballerías castellanos. Por otra parte, el uso del Motif-Index resulta ineludible por remitir a una tradición literaria y folclórica presente en muchas de estas obras, algunas de las cuales pueden resumirse argumentalmente con motivos de Thompson. Creo que el análisis de las formas populares debe hacerse desde sus propios parámetros, definiendo estos géneros a partir de conceptos propios.

El referente básico de algunas de las historias breves españolas es la versión en prosa francesa de fines del siglo xiv y del siglo xv. La fuente francesa puede remontarse a un texto más primitivo que por lo general, si está en verso, se ha prosificado. En este largo proceso de configuración y transmisión literaria hay un intertexto que se ha podido perder. Las ediciones princeps de estas obras tuvieron, a su vez, una larga vida editorial que revela los gustos lectores en un periodo de cuatro siglos y cómo los textos se transformaron para adaptarse a las expectativas de cada época. Estas obras rebasaron el ámbito de su país y se incorporaron a la literatura popular europea. A pesar de los cambios que sufrieron en el proceso de adaptación (en función de las características propias de cada cultura, de su interrelación con otros textos literarios, y con los procesos de traducción o recreación empleados en cada caso) los argumentos y estructuras empleadas poseen desde el siglo xvi hasta el xx una relativa estabilidad, que se puede atribuir en gran parte a su pertenencia a un acervo tradicional. Ahora bien, en este larga tradición textual me limito a hacer una parada en una cronología y geografía específica: la del siglo xvi español; el índice que elaboro es, cuando así se conservan y lo permite su estado, el de las primeras ediciones españolas, cuya tradición textual es muy amplia tanto en sus antecedentes como en sus consecuentes. Primé el estudio no de la transmisión, sino del conjunto de unas obras que se incorporan al sistema de la literatura caballeresca hispánica de los siglos xv y xvi.

Debido a la permanencia de muchas de estas historias en una tradición popular ininterrumpida he preferido insertar el índice de motivos dentro de los códigos populares, que son los del folclor, cuyo referente fundamental es el Motif-Index. Asumo los inconvenientes que esto supone porque considero que, dadas las características de los textos, puede proporcionar buenos resultados.

Para atenuar en lo posible las imprecisiones metodológicas incorporo como criterio interno de catalogación de este índice las aportaciones teóricas de Juan Manuel Cacho Blecua[10] y Aurelio González Pérez.[11] El primero privilegia la consideración de esta unidad como elemento recurrente, y en este sentido, el estudio diacrónico, comparativo de los motivos. El segundo destaca el aspecto sincrónico y sintagmático del motivo, centrando su interés en los mecanismos de funcionamiento de un texto. Aunque sus perspectivas investigadoras son distintas, ambos están interesados en el estudio de los esquemas constructivos folclóricos.

De los más de siete mil ítems que se registraron en el escrutinio de las historias caballerescas (7520), con más de tres mil motivos diferentes (3350), alrededor de mil trescientos son motivos nuevos (1304). Se trata en la mayor parte de los casos de concreciones de motivos más abstractos que ya aparecen en los índices de S. Thompson (1966; 1993), G. Bordman (1963) y A. Guerreau-Jalabert (1992), y de variantes específicas de cada texto propias del código caballeresco. En otros casos, de unidades que recuperan descripciones, ubicaciones espacio-temporales o referencias a la construcción de la historia misma. Respecto a su recurrencia en la tradición literaria hay algunos tipos a los que presté especial atención: motivos folclóricos, motivos propios o adaptados a las formas discursivas y temáticas caballerescas, motivos asociados a géneros literarios específicos y motivos culturales o indiciales (es decir, aquellas unidades narrativas que remiten a un contenido socio-cultural especialmente significativo; el conocimiento del contexto dará uno de los criterios fundamentales para decidir la importancia de un motivo, y no únicamente el criterio funcional que cumple en la intriga).

De acuerdo al sistema seguido por Guerreau-Jalabert, quien distingue sus adiciones por la inicial de su apellido, identifico los nuevos registros colocando un paréntesis con la letra L después del número clasificatorio. Éste seguirá, en principio, el esquema de catalogación de Thompson. La pauta para decidir en qué apartado se catalogará un motivo que, por cuyo sujeto y acción, pueda ser susceptible de aparecer igualmente en dos clases muy distintas será, en primer lugar, el de la relevancia que tenga en el texto. Si éste subraya significativamente la acción se dará prioridad a ésta; si el sujeto, a éste. Cuando los dos sean igualmente significativos priorizo siempre la acción, salvo en los casos en los que haya ya un motivo similar registrado en el Motif-Index, entonces la nueva unidad se catalogará como una variante.

Otros índices que me fueron de utilidad después del Index des motifs narratifs de Guerreau-Jalabert, fueron los de H. Goldberg y el de G. Bordman, ya citados. De ellos tomé algunas referencias, dado que aún no están asumidos en el índice de S. Thompson, como sí ocurre con el Motif-Index of the italian novella in prose de D. P. Rotunda. Identifico estas referencias con las iniciales de sus autores entre paréntesis colocadas al final del número clasificatorio: (G)= Guerreau-Jalabert, (B)= Bordman, (HG) y (HGr) para distinguir los dos índices de Harriet Goldberg, el de la narrativa hispánica medieval y el del romancero, respectivamente.

Para la incorporación de nuevas unidades significativas (narrativas y descriptivas) partí de los siguientes criterios: a) su reiteración en el interior de cada obra (leitmotiv), y b) su incidencia significativa en la caracterización del corpus como modelo narrativo.

En las nuevas entradas privilegiaré el sistema frástico (el “micro-récit”, de Joseph Courtés;[12] la “proposición narrativa elemental”, de Claude Brémond[13]). La jerarquía de los distintos elementos que conforman esta unidad significativa será la siguiente: acción, sujeto, objeto, circunstancia. Pero, por razones de claridad, en la redacción de los nuevos motivos antepondré el sujeto. No obstante, el orden de los componentes de la frase oracional no será único, pues está condicionado por la claridad y la significación que tenga el contenido narrativo en el texto: si la mayor carga significativa está en la acción, en el sujeto o en las circunstancias.

El catálogo se presenta de tres formas distintas: un índice clásico por motivos, un índice por libros (que enumera todos los motivos encontrados en un texto) y un índice de palabras (concordancias). Respecto a la presentación sigo el modelo propuesto por Guerreau-Jalabert, por prevalecer como criterio constructivo de su Index la vinculación de la literatura artúrica con el folclore y porque elabora en muchos casos motivos provenientes de una tradición doctrinal caballeresca.

1. El índice por motivos sigue la ordenación alfanumérica establecida por Thompson. Para cada motivo se da el título abreviado de las historias en las que aparece y las páginas en las cuales se encuentra.

2. El diccionario por novelas es similar al índice de motivos por texto de Guerreau-Jalabert. Se dan, para cada novela, los motivos que la componen en el orden de su aparición por capítulos. Algunos textos carecen de divisiones capitulares, aunque las secuencias narrativas se distinguen entre sí por espacios en blanco. Para poder referirme a ellas en el índice por libros las capitulé consecutivamente. Los motivos pueden tener un desarrollo a lo largo de varios capítulos, ocasiones en las que sólo indico el capítulo en el que empiezan, pues su extensión ya está señalada en las páginas.

Ofrecer una lectura de cada novela por motivos tiene dos objetivos: en primer lugar permite la búsqueda de motivos correspondiente a una secuencia narrativa; en segundo lugar facilita la exploración comparativa tanto en el interior del corpus, como en el exterior del mismo (con aventuras o episodios específicos de otros modelos genéricos); pero, fundamentalmente, permite su proyección sobre otros testimonios de la transmisión textual de cada obra.

En cuanto a la presentación de motivos por el orden en el que aparecen en la historia se encontrará en primer lugar el motivo genérico (de mayor abstracción), para poder establecer comparaciones intertextuales y, en segundo, su concreción específica, para recuperar así la variante textual concreta. Por ejemplo, el motivo genérico P18. Marriage of kings puede implicar, según la elaboración de cada obra, entre otros muchos, a T135. Wedding ceremony, T136. Accompaniments of wedding, T136.1. Wedding feast, T136.3. Amusements at wedding, o T136.3.1. Dancing at wedding.

La presentación por novelas ofrece una ventaja adicional: permite visualizar la sucesión y combinación de los motivos sin tener que distinguir los diferentes tipos de unidades en el interior del índice. La única guía que, de manera aproximada, da una idea de los motivos más significativos para la estructuración de la historia es cuantitativa, es decir, su extensión, que se traduce en el número de páginas en que un motivo se desarrolla. En un modelo genérico en el que la brevedad no es únicamente un rasgo de su constitución externa (editorial), sino que se convierte en un rasgo de estilo, la amplitud o el desarrollo de ciertas unidades tiene, necesariamente, una significación mayor.

3. El índice de concordancias, sin duda el más importante para localizar un motivo determinado, sigue el modelo de los dos últimos tomos del Motif-Index y del índice de concordancias de Guerreau-Jalabert, pero además de ser más exhaustivo incluye, para cada motivo, las referencias de las obras y las páginas en las que aparece. De esta manera se facilita la consulta, ya que para encontrar un determinado contenido narrativo no habrá que repetir la búsqueda en el primer diccionario, el de motivos. Éste no pierde su funcionalidad, dado que permite una primera y rápida aproximación a los temas que predominan en las historias de acuerdo al predominio de una u otra letra. Así, por ejemplo, las categorías D, K y P (referentes a la magia, los engaños y la sociedad, respectivamente) concentran una gran cantidad de motivos, mientras que otras tienen una escasa representación, como la A o la X, referentes a los motivos mitológicos y a los motivos humorísticos.

En cuanto a los vocablos registrados en el diccionario de palabras se incluyen todas aquellas que entran en la definición de motivo que da Thompson, acciones, objetos y sujetos vinculados a acciones. Se procedió así porque el objetivo primordial de este diccionario fue el de facilitar las búsquedas por cualquiera de estos elementos narrativos. Se excluyen los vocablos no pertinentes desde un punto de vista léxico, así como los elementos de relación. Los sustantivos y adjetivos se registran en sus formas singulares y plurales con la finalidad de recuperar las variantes. En cuanto a los verbos agrupé los distintos tiempos y modos en el verbo conjugado, destacándolos en negritas; en muchas ocasiones se trata de un participio. En el interior de la ordenación alfabética primé la agrupación semántica de los vocablos.

En cuanto a la lengua de los diccionarios, seguí el ejemplo de la mayoría de los autores que han elaborado índices de motivos. La misma Guerreau-Jalabert presentaba su Index des motifs narratifs dans les romans arthuriens français en vers en lengua inglesa. En el 2005, y en torno a esta obra, Guerreau volvía a reflexionar sobre los problemas fundamentales que concernían a la catalogación de motivos (“Une tentative d’indexation”). Al inicio de este ensayo, la investigadora reconocía no tener, quince años después, una solución a las dificultades ya identificadas en su Index, pero comprobaba también el hecho de que esta solución no había sido elaborada aún por otros autores:

Le retour sur un travail réalisé il y environ quinze ans constitue un exercice intéressant, mais en même temps un peu étrange. La critique de ce travail est aisée; pair ailleurs, j’ai l’intuition que l’évolution des moyens technologiques disponibles permettrait de travailler autrement et mieux. Mais je ressens également la déseagréable impression de ne pas être en état de proposer une solution aux difficultés que j’avais identifiées, et de constater que cette solution n’a pas non plus déjà été élaborée par d’autres (p. 39).

Significativamente, reivindicaba la funcionalidad de su índice y advertía que, pese a las críticas recibidas, seguía teniendo vigencia, dado que: “les expériences antérieures plaidait plutôt en faveur d’un choix simple et efficace”. Ante la dificultad esencial de ‘indexar’ un segmento significativo que cobra su sentido en un contexto determinado y que tiene que ver con la pluralidad de significados que estas unidades tienen en las obras literarias (problema fundamental de la catalogación) me adhiero a esta concepción pragmática y hago mías sus palabras: “mon point de vue était – et reste, ce qui vaut sans doute aussi pour la réflexion que l’on peut mener actuellement – qu’il vaut mieux un outil imparfait, mais disponible que pas d’outil du tout” (p. 41).

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Notas

[1] Es muy elocuente, por ejemplo, el hecho de que la Revista de poética medieval  haya dedicado su último número (26, 2012) al estudio del motivo.

[2] Para numerosos motivos de la ficción caballeresca remito, sin embargo, a la base de datos especializada Clarisel.

[3] El de Ana Carmen Bueno Serrano es el más extenso y completo, pues incluye un corpus de siete libros de caballerías castellanos de las dos primeras décadas del siglo XVI (Amadís de Gaula, Sergas de Esplandián, Florisando, Palmerín de Olivia, Primaleón, Lisuarte de Grecia y Floriseo). El de Kristin Neumayer cataloga el Amadís de Gaula, el Florisando de Ruy Paéz de Ribera y el Lisuarte de Grecia de Feliciano de Silva. Anteriormente, y de manera parcial, pues se ocupan sólo del Amadís, habían trabajado Sonia Garza Merino, para el libro primero (1998); y María Teresa Avilés Sánchez, en su estudio de la obra desde una perspectiva folclórica (2001).

[4] Sólo contábamos con las concordancias que Ivy Corfis elaboró para Oliveros y la Linda Melosina en 1996 y 1985 respectivamente.

[5] Para la historia de la conformación genérica de estas obras remito a los estudios de Infantes, Baranda, Cacho Blecua, Lucía Megías, Gómez Redondo, Velasco y Heusch en la bibliografía final, cuyas aportaciones reviso en “Crítica literaria y configuración genérica de las ‘Historias caballerescas breves’”, Revista de poética medieval, 26 (2012).

[6] Así como de su supervivencia en otros ámbitos literarios y geográficos, “La narración caballeresca breve”, p. 175.

[7] Vénse las págs. 1673-1794. Tras analizar la transformación de la materia caballeresca en sus marcos de recepcion distingue, para este modelo narrativo dos subgrupos: el de las ‘historias caballerescas’ (Libro del rey Canamor, La Poncella de Francia, Oliveros de Castilla, Historia de Clamades y Clarmonda, Libro del conde Partinuplés, Tablante de Ricamonte, Roberto el Diablo, Historia de la linda Magalona, y París y Viana) y el de las ‘crónicas caballerescas’ (Crónica popular del Cid, Crónica del noble cauallero el donde Ferán Gonçales, y la Leyenda del abad don Juan de Montemayor). A los textos restantes del corpus ya les había dedicado un estudio en su Historia de la prosa medieval castellana.

[8] Corónica del Çid Ruy Díaz, Historia de Enrique fijo de doña Oliva, La historia de los nobles cavalleros Oliveros de Castilla y Artús d’Algarbe, Libro del conde Partinuplés, Historia de la reina Sebilla, La crónica del noble caballero el conde Fernán Gonçales, La espantosa y admirable vida de Roberto el Diablo, Libro del rey Canamor, La historia de los dos enamorados Flores y Blancaflor, La corónica de los nobles cavalleros Tablante de Ricamonte y de Jofre, La historia de la linda Magalona, La Poncella de Francia, Historia del emperador Carlo Magno y de los doze pares de Francia, Historia del cavallero Clamades, y La historia del noble cavallero París y de la donzella Viana.

[9] Aunque tradicionalmente se han incluido dentro del corpus caballeresco breve, no catalogo textos impresos como la Historia de la donzella Teodor, la Historia de los Siete Sabios o El libro del infante don Pedro de Portugal, por razones de contenido. En los dos primeros casos, su clara pertenencia a la tradición sapiencial y cuentística (aunque hayan pervivido como libros de cordel, que es una cosa distinta) los ubica en otro paradigma; del mismo modo que El libro del infante don Pedro de Portugal, aunque un poco más resbaladizo, porque se trata de un libro de viajes, y como tal tiene algunos contactos. En otras palabras, el tipo de edición, aunque fundamental, no es el único criterio para considerar una obra como libro breve caballeresco, como también reconocían Víctor Infantes y Nieves Baranda. A ellos debemos la primera exposición sistemática de las características del género desde los contenidos literarios (Infantes, “La narración caballeresca breve”, pp. 176-180; Baranda, “La literatura caballeresca. Estado de la cuestión”, p. 275, y “Las historias caballerescas breves”, pp. 48-49). La confluencia temática (sistemas caballerescos y amorosos) o de ciertas estructuras (la linealidad) no determina la pertenencia de una obra a un modelo narrativo. Todos los géneros comparten ciertas estructuras, temas y, en su caso, características editoriales, pero una sola o algunas de ellas no pueden caracterizar a una obra como perteneciente a un modelo determinado, sino la relación interna que los distintos factores compositivos establecen y, sobre todo, la jerarquía según la cual estos elementos deben ser interpretados. Todos los géneros poseen textos fronterizos producto bien de su evolución histórica bien de una propuesta particular de un autor.

[10] Particularmente: “Estructura y difusión de Roberto el Diablo”, “Introducción al estudio de los motivos en los libros de caballerías: la memoria de Román Ramírez”; y “El género del Cifar (Cromberger, 1512)”, véase también “El motivo en la literatura caballeresca”.

[11] El motivo como unidad narrativa a la luz del romancero tradicional, y “El concepto de motivo: unidad narrativa en el Romancero y otros textos tradicionales”.

[12] “La lettre dans le conte populaire merveilleux français”.

[13] “Sobre la noción de motivo en el relato”.

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