Novela corta y teatro en el barroco español

11/08/2014 | Crítica Bibliográphica

Rafael BONILLA, José Ramón TRUJILLO y Begoña RODRÍGUEZ (eds.)
Novela corta y teatro en el barroco español (1613-1685).
Studia in honorem Prof. Anthony Close.

Madrid, SIAL Ediciones, 2013, 211 pp.
ISBN 978-84-15014-86-7.

Manuel PIQUERAS FLORES
Universidad Autónoma de Madrid

En el año 2011 tuvo lugar en Córdoba el Congreso Internacional Novela corta y teatro en el Barroco español (1613-1685). Dos años después, en este volumen homónimo, ven la luz los textos de las seis ponencias presentadas, así como cinco interesantes estudios relacionados también con la materia que nos ocupa.

La justificación académica de la publicación la encontramos en la contraportada del libro: “una de las claves estéticas (y hasta genéricas) de la novela corta del XVII se deriva de sus vínculos con la comedia nueva y el entremés”. El esta ocasión, el texto introductorio del volumen, titulado A Man of All Seasons (pp. 9-14), a cargo de Rafael Bonilla, se emplea exclusivamente como elogio del profesor Anthony Close, recientemente fallecido.

El primer trabajo de investigación del libro, “Espacios de la novela corta” de Jean Michel Laspéras (pp. 15-35), resulta especialmente sugerente por su propuesta totalizadora. Para el estudioso, “por heredar del platonismo y por escenificar unos casos precisos en vez de valerse de un a priori ideal y coherente, se convirtió la novela en el espacio donde se enfrentaban los comportamientos individuales, como las pasiones y los deseos, a los ideales neoplatónicos” (p. 15).

Siguiendo este planteamiento, Laspéras analiza numerosos textos del XVII, tomando siempre como punto de partida las Novelas ejemplares cervantinas, llegando a la conclusión de que “En la novela, el recorrido del personaje por un espacio más o menos amplio y el recorrido del lector por las páginas del libro son un pretexto y un aliciente para descubrir una experiencia “ejemplar” e inclusive son una interrogación sobre el laberinto que representa el yo […], como si el recorrer espacios fuera la metáfora de la existencia con sus descubrimientos, sus aprendizajes, sus fracasos” (p. 27).

Pese a lo específico del título escogido para su trabajo: “La figura del nigromante en la novela cortesana del XVII” (pp. 37-54), el artículo de Miguel Ángel Tejeiro Fuentes analiza también la figura de los hechiceros, las brujas y los falsos hechiceros en varias novelas del XVII, desde las Noches de invierno de Antonio de Eslava, publicadas en 1609. En este sentido, queda superada la delimitación cronológica que se propone en el título del volumen (1613-1685), que toma como primera fecha la publicación de las Ejemplares. En cualquier caso, el trabajo de Miguel Ángel Tejeiro resulta de utilidad por la manera clara en la que sistematiza las características principales de los diferentes personajes relacionados con la magia. En algún momento, no obstante, se echa de menos un mayor soporte sobre algunas de las ideas principales que sustentan el estudio, como la descripción del lector del XVII como “un lector mucho menos exigente que el actual y más propenso a dar por ciertas creencias extrañas” (p. 37).

En “Sobre la princeps de dos textos póstumos de Castillo Solórzano: Sala de recreación y La quinta de Laura” (pp. 55-76), David González Ramírez plantea los problemas bibliográficos que presentan las dos obras de Castillo, así como reflexiona también “sobre otros asuntos resultantes del proceso de edición y algunas de las incertidumbres que ha generado” (p. 57). Como el mismo autor explica, en el artículo se plantean sobre todo “hipótesis, difícilmente verificables sin documentos de archivos” (p. 73) que, sin embargo, tienen la virtud de dar respuestas factibles a algunos de los interrogantes sobre los últimos años de vida de Castillo Solórzano y sobre las obras estudiadas.

En “Castillo Solórzano, lector de Francesco Sansovino” (p. 77-86), Giulia Giorgi centra su atención en la influencia de tres novelle de Sansovino en sendas creaciones de Castillo. La investigadora demuestra que el autor vallisoletano tenía un conocimiento profundo de la narrativa italiana del XVI y recuerda que, pese a la defensa de la originalidad de sus novelas en la línea de Cervantes, en uno de sus textos recomienda a las narradoras “novelar muy a imitación de lo de Italia” (p. 78). Para Giorgi, algunas de las modalidades de reescritura utilizadas por Castillo Solórzano son “la dilatación de las fábulas” y “la adaptación de las historias a los estrechos moldes contrarreformistas” (p. 84).

También Debora Vaccari, en “Lope de Vega y la reescritura de la novela corta: el caso de Amar sin saber a quién” (pp. 87-106), analiza las relaciones intertextuales de dos obras, en este caso de una comedia de Lope y una novela del propio Castillo. El cuidadoso cotejo señala las similitudes y las diferencias entre ambas obras, y, aunque la autora señala que “las coincidencias entre la novela y la comedia son muchas” (p. 103), procede prudentemente al admitir que “la relación entre los textos puede ser directa o indirecta, y en nuestro caso todavía (en eso estamos) no hay pruebas de que se trate de una relación directa” (p. 103).

“Las novelas enmarcadas como reflejo de la estructura amorosa en Navidades de Madrid y noches entretenidas (1663) de Mariana de Carvajal y Saavedra”, de Mariano Olmedo (pp. 107-120), constituye el intento más claro del volumen de revalorización de la novela corta española del XVII, tal y como se desprende tanto de las líneas introductorias (p. 107) como del contenido del último epígrafe (p. 117-118). Olmedo analiza las interesantes relaciones establecidas por Mariana de Carvajal entre el marco de su obra, que en sí mismo contiene una trama amorosa principal, y las ocho novelas interpoladas, entendiendo Navidades de Madrid como una tentativa más en el desarrollo de la novela corta, pero de una notable “singularidad literaria” (p. 118).

En “La geografía de El forastero y el contexto literario de Jacinto Arnal de Bolea” (pp. 121-138), Nicola Usai se detiene en esta novela extensa con características de novela larga, escrita en Cerdeña y publicada en 1636. Usai se centra tanto en el estudio del texto como en el contexto biográfico de Arnal de Bolea, para proponer que, según la concepción geográfica del autor de El forastero, Cerdeña aparece en la novela no como algo ajeno al mundo hispánico, sino como “un trozo más de España” (p. 137).

En “«Ni es cielo ni es açul…». Teatralidad y magia en los Sucesos y prodigios de Juan Pérez de Montalbán” (pp. 139-153), María Jesús Ruiz Fernández analiza la influencia de lo dramático y de lo teatral en la narrativa del discípulo de Lope. Entre las consideraciones más interesantes del trabajo, cabe resaltar que, según la estudiosa, Pérez de Montalbán concibe los relatos interpolados de Sucesos y prodigios (1624) y del Para todos (1632) para ser leídos de forma pública y no de manera privada (p. 143), otorgándoles una función social. También a la influencia de lo teatral atribuye Ruiz Fernández la aparición de “escenarios tenebrosos, artificiosos, hechizados o lúgubres” (p. 149), pues explica que las novelas de Montalbán “suelen construir un mundo anhelado […] y continuamente amenazado por una realidad que lo agrieta” (p. 150), que la investigadora asocia a una “cuarta pared” acechante.

En “Si el cuento fuera novela, y la novela, entremés” (pp. 155-184), Javier Huerta Calvo explora las posibilidades investigadoras de estudiar las relaciones entre el entremés y la narrativa áurea (pp. 155-156). El autor establece dos etapas diferentes: una primera, en la que el entremés se relaciona sobre todo con el cuento folclórico y con la novella; y una segunda, en la que el entremés se inserta dentro de las obras narrativas en autores como Salas Barbadillo o Castillo Solórzano. Concluye Huerta Calvo que, pese a que el género breve hubo “claudicado frente a la comedia” (p. 167) en lo referente al canon teatral barroco, sus posibilidades literarias como género transgresor fueron aprovechadas dentro de la narrativa, bien como paréntesis festivo, bien como exemplum dramático (p. 167)

El trabajo de Abraham Madroñal “Entre la novela y entremés: la segunda parte del Coloquio de los Perros” (pp. 169-184) se compone de dos partes notablemente diferentes. En primer lugar, Madroñal alude a las estrechas relaciones entre el teatro y la narrativa áurea concretada de tres formas diferentes: la teatralidad del Quijote y de las Ejemplares, la dramatización de un cuento o un fragmento de novela para convertir la narrativa en entremés y, por último, la intercalación de estas piezas breves dentro de obras narrativas o de misceláneas. En segundo lugar, Madroñal presenta un texto perdido hasta ahora, una continuación de El coloquio de los perros, escrita por Ginés Carrillo de Cerón, obra que, además de continuar con bastante fidelidad la estructura ideada por Cervantes (en una segunda noche en el hospital es Cipión quien cuenta su vida) “intercala un buen número de pasos cómicos de entremeses” (p. 179).

El volumen se cierra con el trabajo de José Ramón Trujillo, titulado “Apuntes para una colección de narrativa barroca” (pp. 185-211), que rastrea la pervivencia de la novela corta a lo largo de los siglos y el tratamiento crítico que de ella se ha hecho hasta nuestros días. Se ocupa también Trujillo de los recursos electrónicos disponibles actualmente, y, finalmente, anuncia el plan de trabajo del proyecto de investigación “Novela corta del siglo XVII: estudio y edición” y, más concretamente, de la colección Prosa Barroca, anunciando nuevas ediciones críticas y volúmenes teóricos.

Los estudios contenidos en el volumen contribuyen al conocimiento y a la revalorización de la novela corta del XVII desde distintas ópticas: desde lo general (Laspéras, Tejeiro o Trujillo) hasta los casos más particulares (Giorgi, González Ramírez, Vaccari, Olmedo o Usai). No obstante, a pesar de que algunos de los trabajos se ocupan propiamente de las relaciones entre el teatro y la novela corta (Vaccari), con las excepción de tres de los once trabajos (Ruiz Fernández, Huerta Calvo y Madroñal), el análisis influencia fundamental del teatro en la configuración estética y genérica de la novela corta –que, como hemos dicho, se subraya en la contraportada del volumen como una de las ideas principales de esta obra colectiva–, queda en un discreto segundo plano. En cualquier caso, Novela corta y teatro en el Barroco español (1613-1685) resulta un compendio adecuado como punto de partida para aquellos interesados en la narrativa menos conocida del siglo XVII español, algo reseñable teniendo en cuenta que el libro es la primera publicación de la nueva colección Prosa Barroca. Esperamos, por tanto, los nuevos volúmenes con interés, muy especialmente las ediciones críticas anunciadas por el profesor Trujillo en su trabajo (pp. 204-205).

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