Reseña Contra las Musas de la Ira

28/07/2014 | Crítica Bibliográphica

Jesús G. MAESTRO
Contra las musas de la ira.
El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura
Oviedo, Pentalfa, 2014, 460 pp.
ISBN 978-84-7848-565-9

 

Reseña de Ramón Rubinat

«El mundo está hecho de palabras», «un escritor puede decir lo que le dé la gana», «la Literatura es el ámbito de la libertad», «la ciencia quiere dominar la realidad y siempre acaba retractándose», «¿quién ha dicho que la Literatura debe entenderse?», «tú lo entiendes de una manera, yo lo entiendo de otra: esa es la riqueza de la Literatura», «lo que tiene que hacer la Literatura es emocionar», «la Literatura crea mundos tan válidos como el real», «cuando hago crítica también hago literatura, ¿y qué? Es mi opción, toma tú la tuya», «la verdad literaria no es como la verdad científica». Estas son afirmaciones que he tomado de individuos que se dedican a la enseñanza o a la práctica de la Literatura, la Teoría de la Literatura y la Crítica Literaria. La inconsistencia de todas ellas revela la perniciosa y, a la vez, poderosa influencia que las teorías epistemológicas han tenido en la formación universitaria de muchos de aquellos que han estudiado en nuestras facultades de Letras. Estos lodos vienen del polvo que la posmodernidad ha ido acumulando en el campo de la Literatura. Se nos ha hecho creer que la potencia psicológica es también potencia operatoria, de modo que hay individuos que se atreven a decretar la muerte del autor y creen que el autor dejará de existir porque un verbo lo niegue, o afirman que el autor literario puede crear mundos alternativos y trasladarse de la ficción a la realidad y de la realidad a la ficción (como si la escritura fuese un puente aéreo entre lo físico y lo metafísico) o que la Literatura tiene su verdad y una esencia misteriosa y enigmas y significados profundos que escapan a la constreñida mirada de las insensibles gentes de ciencias pero que se revelan al visionario y emancipado hombre de letras. Idealismos e irracionalismos enseñorean el campo de la Literatura: desde la universidad a la opinión vulgar, pasando por revistas especializadas y suplementos de periódico, el panorama es decepcionante. Este hundimiento no es una desgracia sobrevenida, sino el resultado de que críticos y teóricos hayan desarrollado el ejercicio de la teoría y la crítica literarias ateniéndose a su capricho (y no a partir de un conocimiento científico de los materiales literarios) y que, haciendo uso de su poder, hayan elevado sus ocurrencias a un estatus gnoseológico, es decir, se haya legitimado pedagógicamente la falacia. De hecho, la universidad y los medios de comunicación, incapaces de repeler estas incursiones impostoras, las han aceptado de forma sumisa en nombre de un pluralismo solidario, papanatas y no discriminador, y también, y de forma no menos determinante, por una comunión de intereses gremiales y crematísticos.

Los contenidos gnoseológicos construidos por Maestro suponen la aplicación, al campo de la Teoría de la Literatura, de la filosofía materialista y la Teoría de la Ciencia de Gustavo Bueno

Como consecuencia de lo anterior, a la Literatura se la ha querido: emancipadora de sojuzgados, vocera de pequeños y grandes ideales, aglutinadora multicultural, abolidora de patriarcados, custodia de espíritus nacionales, psiconauta del sinsentido o fragua de todo tipo verdades, misterios y enigmas. El problema no es solo la conversión de la literatura en panfleto político, hoja parroquial o manifiesto de cualquier egoísmo dialogista, sino que estas operaciones siempre partan de la psicología de los autores que las llevan a cabo y no del conocimiento científico que estos puedan tener de los asuntos que tratan. Puede el autor inventarse lo que quiera, pues en la fenomenología literaria cabe todo aquello que el autor es capaz de materializar en ella de forma inteligible (lo oscuro demanda estudio; lo opaco extingue la comunicación literaria: nadie debería olvidar esto último), y allí está el Viaje a la Luna de Luciano de Samósata como ejemplo de que esta libertad no es ningún logro vanguardista o experimento de última hora. En cambio, cuando el autor está objetivando Ideas y Conceptos, estas Ideas y Conceptos, para que nos resulten inteligibles, no pueden perder su referente material. No puede el autor arrogarse el sentido de los contenido lógicos (M3) que objetiva en sus obras, no puede desvincularlos de su realidad material (M1) y remitirlos a su psicología (M2), a no ser que nos proporcione un nuevo contenido material (M1) que restaure la symplopké entre los tres géneros de materialidad. Sucede exactamente lo mismo con el teórico y el crítico de la literatura, ya que, como ambos operan con contenidos lógicos, no con ficciones, están sometidos a la misma limitación: no pueden negar la realidad material de las Ideas y Conceptos que tratan, no pueden explicar la materialidad literaria a partir de una impresión sensible y el desarrollo psicológico que puedan hacer de ella. El hombre no es un dios, pero el sofista actúa como si lo fuera. El dolor material de los sojuzgados no se parece en nada a la retórica con la que el sofista dice sufrir la forma de su /d-o-l-o-r/ figurado. El miserable y el soldado pueden perder la vida; el sofista solo pierde el tiempo: y esto lo sabemos bien quienes hemos leído a Teresa González Cortés: «los moralistas siempre señalan a las personas lo que tienen que hacer, aunque jamás obren en la línea y de la manera que predican […] Rousseau, el poeta del compromiso, actúa lejos de lo que recomienda a los demás […] decide huir de París y de Ginebra, y renunciar a su nacionalidad y eludir, por tanto, el cumplimiento legal de las normas de ambos países. Comportándose así supo poner de manifiesto que él no estaba dispuesto a fundirse en las aguas del Estado. Lo cual tiene su enjundia, pues Rousseau es quien había respaldado la omnipotencia e idolatría del Estado»{1}. En el campo de la Literatura hay quienes no han estado nunca dispuestos a fundirse en las aguas de la razón, lo cual tiene su enjundia, pues los idealistas la vindican falazmente y los irracionalistas acostumbran a aborrecerla con la misma rotundidad e intransigencia que les lleva a abominar de ella.

Jesús G. Maestro escribe Contra las musas de la ira{2} para enfrentarse a todos estos sofistas y sofismas: «el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura opera en la biocenosis de los materiales literarios y se enfrenta a la necrosis del mundo académico contemporáneo, cuyos máximos responsables y culpables son los apologetas de la posmodernidad»{3}. Durante los últimos años, y en los distintos volúmenes de la serie Crítica de la Razón Literaria{4}, el autor ha sistematizado el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno como Teoría de la Literatura. Este libro que reseñamos compendia la labor realizada por el autor, de modo que nos ofrece la Ontología{5}, la Gnoseología{6}, la Genealogía{7}, y la Genología{8} de la Literatura construidas y desarrolladas por Maestro, así como su idea, concepto y método de la Literatura Comparada{9} y su concepto de ficción{10}. Por todo ello, Contra las musas de la ira es una obra absolutamente recomendable para todo aquel que quiera conocer los principios fundamentales de la Teoría de la Literatura del Materialismno Filosófico.

Contra las musas de la ira es un libro necesario, contundente y académicamente admirable. El desvalimiento de quienes, hoy en día, se forman en el campo de la Literatura es dramático, pues no tienen estos individuos ningún sistema de ideas que les permita ir más allá de la crítica impresionista, el discurso ideológico, la retórica epistemológica, el saber doxográfico o las aproximaciones dogmáticas. Estos son sus límites; de hecho, el estudioso de la literatura que hasta ahora quería superar esta precariedad no tenía dónde acudir. Ahora sí tiene esta posibilidad, de ahí que, visto el panorama actual, consideremos que es preciso destacar la «necesidad» de este libro de Jesús G. Maestro. Respecto a la «contundencia» a la que hacíamos referencia, invitamos al lector a que lo lea y a que se fije en la dialéctica que Maestro establece en todo momento entre el ilogicismo de unas ideas que hasta ahora se han aceptado y difundido acríticamente y la condición científica y filosófica de los argumentos con los que él se enfrenta a ellas, desvela su condición aporística y las rebasa. Podemos decir que en la Historia de la Teoría de la Literatura muy pocas veces se ha dado un caso tan singular como este, muy pocas veces un desconcierto se ha combatido de forma tan clara y, como decíamos, «contundente». Por último, respecto al «valor académico», este es el punto que más atención demanda, puesto que los contenidos gnoseológicos construidos por Maestro suponen la aplicación, al campo de la Teoría de la Literatura, de la filosofía materialista y la Teoría de la Ciencia de Gustavo Bueno. La distancia que hay entre el pensamiento idealista de las filosofías exentas y el materialismo filosófico de Bueno o entre las teorías de la ciencia descripcionistas, teoreticistas o adecuacionistas y el constructivismo de la Teoría del Cierre Categorial{11}, es exactamente la misma que hay entre las teorías epistemológicas que dominaban hasta ahora el campo de la Literatura y la Teoría de la Literatura del Materialismo Filosófico que ha construido Jesús G. Maestro.

Ontología de la Literatura: autor, obra, lector y transductor

Maestro parte de la Ontología materialista (el ser es material), toma la idea de los tres géneros de materialidad de la ontología especial (materialidades físicas, psicológicas y lógicas) y destaca la symploké (relación ternaria de ideas) que los vincula. Esta symploké se da también entre los materiales fundamentales de la Literatura: autor, obra y lector, a los que Maestro añade la figura del transductor, el encargado de activar la symploké circularista entre los tres primeros términos, cerrando categorialmente, es decir, gnoseológicamente, el campo de la Teoría de la Literatura.

La Gnoseología de la Literatura que Maestro nos propone se enfrenta a todas las teorías literarias que se desvinculan de las realidades materiales que conforman su campo, lo cual les hacer perder toda posibilidad de conjugación con la materia. La Gnoseología materialista, en cambio, se basa, precisamente, en esta «vinculación», en la symploké circularista que establece el transductor: un circularismo que, no solo niega la distinción, disociación o hipóstasis de la materia y la forma de los materiales literarios, sino que reivindica su síntesis circular, ya que «la forma de la ciencia es el nexo mismo de constitución, mediante unidades sintéticas, de las partes constitutivas de la materia de la ciencia, es decir, el contenido mismo de la verdad científica como concepto categorial»{12}.

Genealogía de la Literatura: los orígenes de lo literario

Maestro ha construido, también, una Genealogía de la Literatura a través de la cual reivindica la alianza entre la Literatura y la Razón antropológica y examina las cuatro progenies que la conforman: desde el irracionalismo de la Literatura Primitiva, pasando por la razón crítica de la Literatura Indicativa y la razón sectaria de la Literatura Programática, hasta llegar a la razón de diseño de la Literatura Sofisticada. Estos linajes literarios resultan realmente esclarecedores, facilitan significativamente la labor del intérprete a la hora de operar con las ideas objetivadas en las obras literarias y nos permiten apreciar que la Literatura se abre paso hacia la libertad mediante su enfrentamiento con aquellos que, desde el idealismo y el irracionalismo, utilizan la razón de forma fraudulenta.

Literatura Comparada

Maestro también se ocupa de la Literatura Comparada y para ello toma al comparatista como sujeto operatorio; a los hechos literarios, como términos y, a la relación, como figura gnoseológica que hace posible la comparación. Esta comparación se basa en el establecimiento de modelos, ya que estos constituyen relaciones (isológicas o heterológicas y distributivas o atributivas) a partir de los términos del campo categorial de la literatura. Estos modelos se encaminan a lograr el cierre categorial de la Literatura Comparada, que se produce cuando el comparatista agota operatoriamente todas las posibilidades de establecer nuevas relaciones. Este método de Literatura Comparada es otra de las grandes aportaciones de Maestro y supone una subversión del comparatismo vigente, que queda plenamente superado.

Genología de la Literatura: teoría de los géneros literarios

Lo mismo sucede con la Genología de la Literatura: Maestro distingue entre las características comunes dadas entre partes de un todo (características de tipo plotiniano) y las cualidades específicas, que determinan que la parte es igual al todo (características de tipo porfiriano). En las clasificaciones porfirianas, géneros, especies y obras literarias se fosilizan y, por tanto, se tratan como si fuesen estructuras inmutables; en cambio, en las clasificaciones porfirianas, los géneros cambian (porque género, especie e individuo se relacionan dialécticamente) pero estos cambios no se deben a la acción de las especies sino que parten del propio género, de lo que Maestro llama «genoma literario», en el que ya están inscritas las propiedades generadoras del género. Este punto de partida distingue el trabajo de Maestro de las genologías precedentes, pues todas ellas pertenecen al tipo porfiriano. Por su potencia y su originalidad, esta teoría de los géneros es, realmente, impresionante.

La ficción literaria

Súmese, a todas estas aportaciones, un nuevo y esclarecedor concepto de ficción. Maestro se enfrenta a la metafísica aristotélica que se ha aceptado acríticamente durante los últimos veinticinco siglos y denuncia su carácter adecuacionista, pues el concepto de verosimilitud (mayor o menor proximidad de la ficción respecto de una realidad externa y terminada) supone que la ficción no pertenece a la realidad de nuestro mundo; lo cual implica que, o no hay tal ficción, o que quien esto sostiene acepta la existencia de «otra realidad», es decir, reconoce la capacidad operatoria –constructora de mundos, en este caso– de las formas literarias. El problema es que no hay tal capacidad ni jamás se ha construido más mundo que el que todos construimos y destruimos a diario: un mundo en el cual las ficciones de la Literatura existen materialmente (en la obra literaria, que funciona como término aglutinante) pero en el que estas carecen de capacidad operatoria. Existe estructuralmente don Quijote pero no tiene ninguna posibilidad de trascender operatoriamente la obra que lo contiene formalmente.

Les recomendamos que aparquen prejuicios y reticencias, que no quieran ver lo que no hay, que atiendan al sentido literal del texto y tengan la paciencia de detenerse y volver sobre aquello que les haya supuesto una dificultad; es decir, les recomendamos que estudien esta Teoría de la Literatura

En resumen, Maestro nos ofrece la Ontología, la Gnoseología, la Genealogía y la Genología de la Literatura, así como la idea, concepto y método de Literatura Comparada y el concepto de ficción que conforman la Teoría de la Literatura del Materialismo Filosófico, una teoría de una gran originalidad y de una desacostumbrada potencia científica y filosófica. Por eso, insistimos en ello, el «valor académico» de la obra de Maestro es tan relevante. La Teoría de la Literatura construida por Jesús G. Maestro se enfrenta y se impone a la cháchara idealista e irracionalista de Babel y de esta contienda sale beneficiado, en primer lugar, el individuo que debe enfrentarse a los textos, es decir, el intérprete, provisto ahora de unos recursos que le permiten acometer su tarea gnoseológica sin tener que acudir al subjetivismo o a la retórica y, en segundo lugar, las áreas de lengua y literatura de nuestras facultades, pues la teoría de Maestro recupera para ellas la condición académica, la condición de espacio en el que los materiales literarios se tratan científica y filosóficamente. Otra cosa es que estos intérpretes lean, o no, Contra las musas de la ira y, en caso afirmativo, que tengan la humildad necesaria para adoptar aquellos postulados que ponen en evidencia ideas e inercias que ellos habían asumido y que la teoría materialista ha demostrado gratuitas o falaces. Frente a lo trabajoso (a Maestro hay que leerlo pero también hay que estudiarlo), los hay que preferirán no abrir el libro y, envueltos en sus andrajos, despreciar lo que ignoran. Es lógico que lo hagan; hasta ahora les ha ido muy bien. Maestro ha sentado las bases para subvertir un orden corrupto, una rutina que hoy en día solo sabe generar deserciones.

Nosotros invitamos a los literatos (a las ‘personas versadas en literatura’) y a cualquier persona que esté interesada en conocer los magníficos frutos que la asociación entre imaginación y razón ha dado a lo largo de los siglos, a que lean esta obra. Les recomendamos que aparquen prejuicios y reticencias, que no quieran ver lo que no hay, que atiendan al sentido literal del texto y tengan la paciencia de detenerse y volver sobre aquello que les haya supuesto una dificultad; es decir, les recomendamos que estudien esta Teoría de la Literatura. Les aseguro que la experiencia aprovecha. Contra las musas de la ira realiza una durísima crítica de las teorías epistemológicas, a la vez que nos proporciona un conocimiento científico de los materiales literarios; por eso afirmamos que este libro es necesario, contundente y académicamente admirable. Léanlo, esto no lo han visto antes.

 

Notas

{1} González Cortés, María Teresa (2012), El espejismo de Rousseau. El mito de la posmodernidad, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo, p. 155.

{2} Maestro, Jesús G. (2014), Contra las musas de la ira. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Oviedo, Pentalfa.

{3} Ibídem., p. 277.

{4} Maestro ha desarrollado la Teoría de la Literatura del Materialismo Filosófico en la serie “Crítica de la Razón Literaria. El Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura (2006-2012, 8 vols.)” Para más información sobre la obra de este autor, vid.:  http://www.academiaeditorial.com/web/catalogo-m/ (10/10/13).

{5} Maestro, Jesús G. (2007), Los Materiales Literarios. La reconstrucción de la Literatura tras la esterilidad de la «Teoría Literaria» posmoderna, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo.

{6} Maestro, Jesús G. (2012), Genealogía de la Literatura: de los orígenes de la Literatura, construcción histórica y categorial, y destrucción posmoderna, de los materiales literarios, Vigo, Academia del Hispanismo.

{7} Maestro ha tratado la Gnoseología de la Literatura en distintos trabajos. No disponemos, por el momento, de una obra monográfica que se ocupe de esta cuestión.

{8} Maestro, Jesús G. (2009), Crítica de los géneros literarios en el Quijote. Idea y concepto de género en la investigación literaria, Vigo, Academia del Hispanismo.

{9} Maestro, Jesús G. (2008), Idea, concepto y método de la Literatura Comparada. Desde el Materialismo Filosófico como Teoría de la Literatura, Vigo, Editorial Academia del Hispanismo.

{10} Maestro, Jesús G. (2006), El concepto de ficción en la Literatura: desde el Materialismo Filosófico como Teoría Literaria Contemporánea, Vilagarcía de Arousa, Mirabel.

{11} Bueno, Gustavo (1992-1993), Teoría del cierre categorial (5 vols), Oviedo, Pentalfa Ediciones.

{12} Vid. nota 2, p. 248.

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