Sobre la esencia y forma del Ensayo

01/10/2016 | Crítica Bibliográphica

Georg LUKÁCS,                     
Sobre la esencia y forma del Ensayo.
Edición de Pedro Aullón de Haro.

Madrid, Sequitur, 2015, 125 pp.
ISBN 978-84-15707-29-5

 

María del Rosario MARTÍ MARCO
Universidad de Alicante

 

El sobrio y precioso volumen que publica Sequitur es la magnífica edición de un texto que así lo requería por constituir uno de los lugares fundamentales de la cultura literaria moderna y, además, aún no debidamente reconocido: Sobre la esencia y forma del ensayo (1911). Se trata de la versión revisada ahora de la traducción memorable que hiciera Manuel Sacristán y publicó editorial Grijalbo en 1975 de la que puede tenerse como la Poética más importante acerca del género moderno del Ensayo. Es la Poética o el escrito más importante sobre el Ensayo por ser con evidencia un texto breve pero de profundo calado, en lo cual recuerda a todas las grandes Poéticas empezando por la de Aristóteles y su valor sentencioso, y por ser el primero de los escritos acerca de la materia, si se exceptúa un párrafo célebre de Montaigne y poco más. Después, pero sólo varias décadas después, vinieron otros textos más que notables, como el de Max Bense y, sobre todo, el de Theodor Adorno, ya de 1958. A su vez, esta edición incluye un globalizador estudio de Pedro Aullón de Haro sobre el género del Ensayo, en particular sobre la teoría alemana de éste, y sobre el escrito de Lukács: de hecho el libro podría haberse publicado como una monografía crítica sobre el pensamiento ensayístico o sobre Lukács. Más abajo se verá la importancia de esta última consideración.

Es preciso recordar que Sobre la esencia y forma del ensayo consiste en el texto inicial o pórtico de El alma y las formas (Die Seele und die Formen, Berlín, 1911), el primer libro de Lukács (1885-1971), compuesto por una serie de ensayos breves de interpretación literaria los cuales tuvieron una primera versión en lengua húngara para de inmediato ser presentados por su autor en lengua alemana provistos a modo de introducción del genial escrito que aquí nos trae, subtitulado “Carta a Leo Popper”, el amigo recién fallecido. No es aquí lugar de entrar en muchos detalles, pero es necesario hacer constar esta circunstancia, así como el hecho paralelo del fallecimiento inesperado de la expareja del autor, relación amorosa sobre la que Lukács intentó construir en la vida un proyecto similar al de Kierkegaard, proyecto que crecientemente adquirió, en particular acentuado tras la lectura de Plotino, una extraordinaria dimensión de cuya ejecución es resultado la obra y el texto general o metateórico que la introduce.

Dicho esto sucintamente, es importante subrayar ahora que el estudio preliminar de Aullón de Haro desarrolla dos asuntos de gran penetración interpretativa que se resuelven en lo siguiente: a) El texto de Lukács constituye una radical formulación neoplatónica que exige interpretación; b) La elaboración de una idea de “forma” es la clave de la decisiva creación alemana de la teoría, o Poética, del Ensayo. Ello a manos, sobre todo, aunque no sólo, de Lukács, Bense y Adorno. Lukács había extremado caleidoscópicamente, mediante la sucesión de los textos, las formas del alma. A partir de ahí es, entre otras muchas cosas, como se entiende el primer o joven Lukács, pensador crítico precoz interrumpido por la marcha de un proceso de intensificación neoplatónica de la vida que el azar le arrebató conduciéndolo a desenlace trágico y abriendo tras el desastre dos posibilidades, asumidas conscientemente por el autor (según se sigue de la lectura de su diario): el suicidio o el reinicio de la vida en tanto forma de la elevación (“¿Cómo ser filósofo?” “¿Cómo dar forma a lo más elevado?”). El hecho es que la segunda opción, el intento de acceder a la forma elevada de la vida condujo a la segunda época lukacsiana. Así, según Aullón de Haro, “el platonismo vino a ser reemplazado por el marxismo y, en fin, el azar como destino en la tragedia individual alcanzó a convertirse en el error como destino en la tragedia de la Historia” (p. 47).

Resumiré que la cuestión de la forma del Ensayo en Lukács permanece adscrita al sentido artístico, mientras para Adorno gira hacia el sentido crítico, al Ensayo como forma crítica por excelencia. Sin la sutilidad teórica del texto de Lukács, probablemente sería inexplicable la aparición del ensayo metateórico de Adorno, confrontado con un medio académico de posguerra avanzada y para quien el arte había quedado desplazado a otra esfera. Explica Aullón de Haro que a Adorno le faltó para la redondez de su criterio una idea de belleza de la prosa como pensamiento, cosa que le hubiese aproximado a Lukács, pero que uno y otro representan el doble matiz preferentemente artístico y preferentemente crítico, a lo cual, de añadir un bien constituido concepto de juicio, en términos de factores esenciales poco quedaría por añadir.

Quede la riqueza argumental de todo ese proceso fuera del presente balance; queden el texto objeto de edición y su estudio plenamente abiertos para el lector interesado directamente en las obras, pero haciendo saber ahora que la importante obra de Lukács en lo relativo a teoría de la novela y teoría del realismo, o incluso crítica política, todo lo cual contribuyó a la “forma” de esta gran figura intelectual del siglo XX, figura brillante y tenaz, crítica y heterodoxa ante la oficialidad de un comunismo ortodoxo y lamentable, no es en último término sino el acompañamiento de un texto breve inicial, genialmente luminoso, indispensable para entender la vida y la forma más permanente del saber humano, un texto capital de la lengua alemana y su aportación al pensamiento y a la literatura moderna.

 

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