Stefan Zweig reinterpretado desde la Crítica de la Razón Literaria

28/04/2018 | La Dialéctica de Sofía

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Análisis del proyecto comparatista de Stefan Zweig

a partir de los postulados de la Crítica de la Razón Literaria

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Ramón Rubinat Parellada
Universidad de Lérida

 

El siguiente trabajo es un resumen de los asuntos más importantes que hemos tratado en el libro Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola? Análisis del proyecto comparatista de Zweig a partir de los postulados de la Crítica de la Razón Literaria (que saldrá en septiembre del presente año) y que expusimos, en forma de conferencia, en las IV Jornadas sobre Literatura y Materialismo Filosófico celebradas en abril de 2018 organizadas por Editorial Academia del Hispanismo y la Sociedad Cervantina de Madrid.

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El siguiente trabajo es un resumen de los asuntos más importantes que hemos tratado en el libro Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola? Análisis del proyecto comparatista de Zweig a partir de los postulados de la Crítica de la Razón Literaria (que saldrá en septiembre del presente año) y que expusimos, en forma de conferencia, en las IV Jornadas sobre Literatura y Materialismo Filosófico celebradas en abril de 2018 organizadas por Editorial Academia del Hispanismo y la Sociedad Cervantina de Madrid.

Como reza el subtítulo del libro, hemos analizado críticamente tanto el proyecto comparatista de Stefan Zweig, titulado Los constructores del mundo. Tipología del espíritu, como su teoría sobre el comparatismo, tomando en todo momento como referencia la Teoría de la Literatura construida por Jesús G. Maestro en su Crítica de la Razón Literaria[1].

Las obras que hemos analizado de forma preferente y que conforman el proyecto Los constructores del mundo, son: Tres maestros, dedicada a Balzac, Dickens y Dostoievski, La lucha contra el demonio, dedicada a Nietzsche, Hölderlin y Kleist, y Tres poetas de sus vidas, dedicada a Casanova, Stendhal y Tolstói.

Seguidamente vamos a presentar de forma sucinta los seis apartados de Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola? Como es obvio, emplazamos a quienes estén interesados en conocer los desarrollos de estos seis bloques a que acudan directamente al libro:

1-. El materialismo de la Crítica de la Razón Literaria contra el comparatismo idealista de Stefan Zweig.

2-. El método comparatista de Stefan Zweig.

3-. El método comparatista de la Crítica de la Razón Literaria construida por Jesús G. Maestro.

4-. Análisis de las relaciones comparatistas de Stefan Zweig.

5-. Conclusión.

6-. Coda contemporánea.

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1. El materialismo de la Crítica de la Razón Literaria contra el comparatismo idealista de Stefan Zweig

Respecto al primer apartado, nuestro punto de partida, como ya hemos indicado, es la teoría comparatista construida por Jesús G. Maestro en la Crítica de la Razón Literaria, una teoría que entiende el comparatismo como una construcción europea, de naturaleza estatalista e incluso imperialista que, lejos de pretender el acercamiento o hermanamiento entre literaturas —idea esta que Maestro considera una «ilusión internacional»—, «nació, creció y se desarrolló, para satisfacer una necesidad académica esencial a todo Imperio: interpretar y codificar las literaturas ajenas a partir de la literatura propia» (CRL, 2017: 1144).

El comparatismo de Zweig, por el contrario, pretende ese hermanamiento de las culturas que critica el comparatismo de Maestro: «pensar a escala europea y unirnos en una hermandad internacional, declararnos partidarios del ideal de un entendimiento pacífico dentro de nuestra esfera, que sólo de modo muy indirecto influía en el presente y de una fraternidad espiritual por encima de lenguas y países» (Zweig, 2002: 256).

Esta es la dialéctica: por un lado, una concepción del comparatismo que niega toda idea de fraternidad supranacional de las lenguas y las literaturas (fraternidad que considera una ilusión internacional) y, por otro lado, un comparatismo que dirige toda su potencia a lograr, precisamente, esa hermandad internacional.

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2. El método comparatista de Stefan Zweig

Uno de los principales problemas de este proyecto claramente soteriológico es que fía el éxito de su misión salvífica a la práctica de un irenismo de signo retórico: «[A propósito de Castellio, afirma Zweig que] sólo hay una cosa que según Castellio puede salvar a la humanidad de semejantes barbaridades: la tolerancia» (Zweig, 2001: 174), idea esta que nuestro autor repetirá en numerosas ocasiones.

Así como la CRL reconoce, sin ambages, el carácter imperialista y, por tanto, polémico, del comparatismo, Zweig proscribe el uso de la violencia aunque, eso sí, contempla la posibilidad de un belicismo pacífico: «Fue entonces cuando recibí el impulso definitivo: ¡era preciso luchar contra la guerra!» (Zweig, 2002: 320). La idea de la guerra a la guerra es un claro ejemplo de la retórica que nutre la teoría literaria de nuestro autor. Las alusiones a la lucha contra la guerra son muy numerosas pero destacaremos una en especial, ya que, en el siguiente pasaje, además de aludir a la idea de «matar la guerra», se revela una de las acciones soñadas por este belicismo pacifista:

Ahí estaba Frans Masereel, quien, con sus grabados en boj contra la abominación de la guerra, dibujaba ante nuestros ojos su eterno monumento gráfico [...] cada mañana La Feuille publicaba una de sus acusaciones gráficas, que no acusaban a ninguna nación en concreto, sino siempre a nuestro común enemigo: la guerra. ¡Cómo soñábamos con poder lanzar desde aviones, en lugar de bombas contra ciudades y ejércitos, hojas volantes con aquellas estremecedoras y furibundas acusaciones, comprensibles sin palabras, sin texto, hasta para el más inculto! Estoy convencido de que habrían matado la guerra antes (Zweig, 2002: 341-342).

Aquí aparecen dos ideas absolutamente delirantes: por un lado, el sueño de bombardear al enemigo con viñetas pacifistas y el «convencimiento», por parte de Zweig, de que esta acción hubiese podido matar la guerra, lo cual muestra, a nuestro entender, no solo su idealismo, sino una ingenuidad rayana en lo patológico; y, por otro lado, tenemos la última frase, que supone que a la guerra se la acabó matando, tarde, pero que se la mató, signifique esto lo que signifique; cabe pensar que fue la paz quien acabó con ella, lo cual es tan irracional como lo anterior. Pero estos son los términos en los que se despliega el pacifismo de nuestro autor.

En Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola? criticamos con más detalle las características del proyecto comparatista de Zweig pero adelantamos aquí que la precariedad metodológica, la absoluta desorientación en cuanto al conocimiento de lo que la Literatura Comparada es, el acendrado idealismo del autor (irenismo, soteriología…), el desprecio por la ontología y la gnoseología (y, por el contrario, las constantes alusiones a ideas metafísicas), y la aproximación psicologista y retórica de Zweig a los autores y obras que trabaja, explican en gran medida el fracaso de un proyecto de signo retórico e idealista. El siguiente pasaje muestra de forma muy clara este carácter idealista y retórico al que nos acabamos de referir:

Siempre me ha parecido la comparación un elemento creador de gran eficacia, y hasta me gusta como método, ya que puede ser usado sin necesidad de forzarse; así como las fórmulas empobrecen, la comparación enriquece, pues realza los valores, dando una serie de reflejos que, alrededor de las figuras, forman como un marco de profundidad en el espacio (Zweig, 1999: 7).

Adviértase que la comparación es, de forma prioritaria, un elemento creador y solo de forma lateral («hasta me gusta como método») se considera una metodología. Cuando Zweig sostiene que el método (creador) no es una fórmula (empobrecedora) está confundiendo la Literatura (ontología), donde sí cabe la creación (entendida como construcción), con la Crítica Literaria (filosofía) y la Teoría de la Literatura (gnoseología), donde esta no tiene lugar. El autor, a partir de estas premisas, se conduce hasta un punto en el que le resulta imposible evitar el absurdo, como cuando Zweig alude a que sus ejercicios comparatistas proporcionan una «serie de reflejos que, alrededor de las figuras, forman como un marco de profundidad en el espacio».

El siguiente pasaje tiene interés por cuanto nos informa del modelo utilizado por Zweig y, especialmente, de la voluntad de nuestro autor de buscar un determinado tipo humano:

Ese secreto plástico lo sabía ya Plutarco, ese antiguo creador de retratos, quien, en sus Vidas paralelas, presenta siempre un personaje romano a la par que uno griego, para que así, detrás de la personalidad, pueda verse de modo más claro su proyección espiritual, es decir, el tipo (Zweig, 1999: 7).

El tipo humano que busca Zweig es aquel individuo que, por tener una proyección espiritual, puede iluminar a la Europa belicista y autodestructiva y reeducarla según una paideia irenista. En su conjunto, la nómina de estos tipos comprende a una docena de individuos:

En el vasto paisaje de la literatura universal, apenas existe una docena de obras de este tipo que sean esenciales para el espíritu (Zweig, 2008: 12).

En estrecha relación con lo anterior, queremos insistir en el criterio absolutamente subjetivo que emplea Zweig para construir esta nómina:

El camino que siguen estos Tres poetas de sus vidas no nos lleva, como el de los primeros, hasta lo infinito, ni tampoco nos conduce, como en el caso de los segundos, hasta el mundo real, sino que nos lleva de vuelta únicamente hacia los autores mismos. Su intención no es la de reproducir el macrocosmos, la plenitud de la existencia, sino desplegar hacia el mundo el microcosmos del propio yo, y es eso lo que, de forma inconsciente, consideran la misión principal de su arte. Ninguna realidad es para ellos más importante que la de la propia existencia (Zweig, 2008: 9).

Todos ellos aspiran inconscientemente a llegar a esas alturas, pero son pocos los que son capaces de alcanzarla (Zweig, 2008: 12).

Adviértase que, según Zweig, estos autores no solo desconocen, por una cuestión cronológica, el fin que tendrán sus obras (finis operis), sino que desconocen la finalidad que ellos mismos pretendían con ellas (finis operantis) y que nuestro autor sí es capaz de determinar. Quede claro que un transductor que cuenta con una perspectiva histórica está en mejor disposición que el autor de la obra para tratar el finis operis pero lo que resulta inadmisible es que Zweig sepa cuál era la «misión principal» del arte de estos individuos (el finis operantis) y sepa, también, que ellos la desconocían y que, si se dedicaban a ella, lo hacían «de forma inconsciente».

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3. El método comparatista de la Crítica de la Razón Literaria construida por Jesús G. Maestro 

Recomendamos a los lectores que quieran familiarizarse con la Teoría de la Literatura de Jesús G. Maestro y, concretamente, con los principios de su Literatura Comparada que acudan a la parte de la CRL (páginas 1053-1242) que se ocupa de ello. Con independencia de lo anterior, y a sabiendas de la precariedad del dibujo, bosquejamos a continuación algunas líneas de esta teoría comparatista con la sola idea de proporcionar al lector no avezado en estas cuestiones las referencias suficientes para seguir nuestro análisis.

Nosotros hemos sostenido en más de una ocasión que los ejercicios críticos deberían acompañarse siempre del criterio del crítico[2]; de este modo los lectores podríamos advertir la insolvencia de tantos retóricos que fundamentan sus críticas en su parecer, en sus afectos, en su psicología, y por ello son capaces de defender una cosa y la contraria (diafonía ton doxon); pero, en sentido positivo, el hecho de que el crítico muestre sus cartas resultará de gran ayuda, insistimos en ello, a aquel lector que desconozca las bases teóricas de las que este se sirve, pues se le estará proporcionando una clave fundamental para entender el ejercicio crítico en cuestión.

Nuestra crítica a las ideas comparatistas y a las ideas que resultan de los ejercicios comparatistas de Zweig no se fundamentan ni en una ideología, ni en una retórica, ni en psicologismos, ni en doxografías, sino en un modelo gnoseológico, el que Jesús G. Maestro ha construido en la CRL.

Presentamos, en primer lugar, las figuras que encontramos en los tres ejes del Espacio Gnoseológico y el modo en que Maestro las explota:

—Eje Sintáctico, aquí encontramos los términos (los materiales literarios: autor, obra, lector e intérprete o transductor), las relaciones (en las que se objetiva gnoseológicamente la figura que hace posible la ontología de la Literatura Comparada: la relación) y las operaciones (llevadas a cabo por el comparatista, que actúa como sujeto gnoseológico). En nuestro caso habrá que ver qué relaciones estableció Zweig actuando como operador (sujeto comparatista) y qué términos (entre los materiales literarios) relacionó en cada uno de sus ejercicios comparativos.

—Eje Semántico, aquí se explicita la ontología de la Literatura Comparada y encontramos propiamente las relaciones que el sujeto comparatista ejecuta con los materiales literarios, situados en el eje de ordenadas, como causas eficientes de la relación, y, en el eje de abscisas, como consecuencias codificadoras, objetivadoras o sancionadoras de esas causas eficientes.

—Eje Pragmático, aquí encontramos los autologismos explicaciones personalistas o animistas (que dan lugar a prototipos), los dialogismos discursos gremiales o ideológicos que identifican a grupos enfrentados a otros grupos en competencia por imponer sus ideas a una mayoría o una totalidad determinadas (y dan lugar a paradigmas) y las normas sobre las que se fundamentan las interpretaciones sistemáticas o incluso canónicas (que dan lugar a cánones). No hay Literatura Comparada sin un canon, que se articula a partir de los paradigmas que construyen, dialógicamente, diferentes comunidades científicas y que, a su vez, resultan de la interpretación autológica que da como resultado un prototipo de lectura.

Llegados a este punto, reproducimos la definición que Maestro da de los distintos tipos de relaciones que se dan en el comparatismo literario:

Las relaciones son operatorias según dos tipos de criterios. En primer lugar, las relaciones pueden ser isológicas (dadas entre términos de la misma clase: autor con autor, obra con obra…) o heterológicas (dadas entre términos de clases diferentes: un autor en una obra, una obra en un lector, un autor en un lector…). En segundo lugar, las relaciones pueden ser distributivas (dadas con el mismo valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en una totalidad de lectores) o atributivas (dadas con distinto valor en cada parte del todo: el impacto de una obra en un lector concreto y distinto de los demás) (CRL, 2017: 1224-1225).

Todo ello queda resumido en el siguiente cuadro:

 

 

 

Y ahora es el momento en el que a este modelo hay que añadirle los contenidos de la Literatura comparada, aquello que constituye su Ontología. En el siguiente cuadro se muestra el Modelo gnoseológico de la comparación literaria que propone la CRL y que nosotros hemos ejemplificado con algunas de las relaciones (operaciones comparatistas) que posteriormente trabajaremos:

 

 

El Modelo gnoseológico de la comparación literaria de la CRL nos proporciona un valioso punto de partida para construir la crítica de las ideas (filosofía) que resultan de los ejercicios comparatistas de Zweig. Y esto es lo que hemos hecho en el siguiente capítulo.

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4. Análisis de las relaciones comparatistas de Stefan Zweig

En este apartado nos hemos enfrentado críticamente a los cánones, paradigmas, prototipos y metros que resultan de los ejercicios críticos y comparatistas realizados por Stefan Zweig.

Sirva, a modo de ejemplo, una de las relaciones que Zweig, como sujeto comparatista, establece entre los términos autor / lector-transductor y que, como relación consecutiva, heterológica y distributiva, deberían dan lugar a un canon. En su comparación entre Hölderlin y Goethe, Zweig dice del primero que este quiso:

Crear sobre la Tierra la «teocracia de la belleza», la unidad del Todo, he aquí la tarea ideal del individuo en particular y de la Humanidad en general (Zweig, 1999: 61).

Los pueblos han perdido la armonía infantil, y la armonía de los espíritus será siempre el principio de una nueva historia de la Tierra. Sólo habrá belleza, y el hombre y el mundo exterior se unirán en un solo abrazo, formando así una divinidad universal. Hölderlin, el más grande patriota de esa nueva patria espiritual [la Grecia del espíritu], nos da su imagen en sus obras (Zweig, 1999: 61).

Véase cómo, para los escritores aborrecedores, emic, de la política, no supone ninguna contradicción el hecho de subordinarse a un imperativo ético que tiene como único objetivo la instauración de lo que, etic, ha de ser un imperio no solo planetario («crear sobre la Tierra»), sino universal («formando así una divinidad universal»). El propio Zweig sostiene la misma idea que Hölderlin:

No tengo yo noticias de deleite y satisfacción más grandes que reconocer que también les es dado al hombre crear valores imperecederos, y que eternamente quedamos unidos al Eterno mediante nuestro esfuerzo supremo en la tierra: mediante el arte (Zweig, 2015: 39-40).

El comparatista Zweig es incapaz de criticar la demencia de Hölderlin porque, aborrecedor de la política (del Estado y de la violencia, que son lo mismo), comulga con el credo de la «teocracia de la belleza»:

Si en mis libros, con toda intención, coloco siempre unos retratos junto a los otros, lo hago para lograr un efecto pictórico, como lo hace el pintor que, buscando efectos de luz y de contraluz, logra poner de manifiesto, por medio del contraste, cualidades y analogías que de otro modo quedarían ocultas. Si he colocado esas figuras una junto a otra, es para hacer resaltar más ese doble aspecto de la belleza; no lo he hecho para sacar de ello conclusiones (Zweig, 1999: 7).

A Zweig no le interesan las conclusiones (ya lo hemos indicado: no le interesa ni la ontología, ni la gnoseología), sus obras comparatistas tienen el único objetivo de poner de manifiesto ese doble aspecto (luz y contraluz) de la belleza, signifique esto lo que signifique.

Este proyecto que, en una primera instancia y por medio del arte, ha de unir espiritualmente a todas las naciones de Europa, es un proyecto indudablemente político y de carácter imperialista, a pesar de que Zweig, como individuo ideologizado por las doctrinas pacifistas, nunca lo reconoció de este modo (políticamente), nunca advirtió (ingenuidad) o reconoció (cinismo) que la necesidad de imponer un canon normativo era imposible sin contar con una estructura política estatal y nunca advirtió o reconoció que la necesidad de imponer un canon supranacional era también imposible sin contar, en este caso, con una estructura política supranacional, con una Europa constituida como nación política y con vocación imperialista de signo contractivo o centrípeto, que sería lo más apropiado o coherente con el ideario irenista: una Europa dedicada a seducir a las demás naciones con las armas del arte y, en concreto, con la belleza de las obras literarias, como también sugería Husserl al referirse a que los grupos humanos no europeos no podrían sustraerse a la «incitación a europeizarse» (entiéndase este «europeizarse» como un alemanizarse):

Hay en Europa algo singular, único, respecto de lo que todos los otros grupos humanos son también sensibles en cuanto algo que, independientemente de toda consideración de utilidad, se convierte para ellos, por grande que sea su voluntad indomeñable de autoconservación espiritual, en una incitación a europeizarse, en tanto que por nuestra parte, si tenemos una comprensión cabal de nosotros mismos, nunca optaremos, por ejemplo, por indianizarnos (Husserl, 1990: 329).

Pero lo que en Husserl es seducción-imperialista-contractiva, en Rosenberg, uno de los principales filósofos del nazismo, será racismo-imperialista-depredador:

Rosenberg completa la filosofía de Leibniz en los siguientes términos: «Lo que las emparenta (a las mónadas), lo que las impulsó a una evolución análoga fue la comunidad de una sangre fundida con el alma, que constituía la corriente profunda de una vida total que todo lo unía. Esta sangre, determinante del parentesco de las personas, puede formar y criar otras especies; pero, en presencia de sangre completamente extraña, la mónada de la persona queda otra vez oclusa…, “sin ventanas”… falta el puente de una verdadera inteligencia entre ella y la de un chino y no digamos ya con la de un bastardo sirio o africano. La relación no es, pues, entre mónada y humanidad, sino entre persona y raza» (Stern, 1942).

La bondad del proyecto de Zweig residiría, por un lado, en este sentido contractivo-no violento y, por otro, como subraya Maestro a propósito de Kant, en la bondad intrínseca de las intenciones de nuestro autor:

Para Kant, la bondad está esencialmente en la intención de la acción humana, al margen incluso de sus consecuencias. Algo así reduce la moral a una mera declaración psicológica de intenciones. Es uno de los ideales que conducen al fiat iustitia pereat mundus. Como traduce la neo-post-kantiana Adela Cortina, «lo esencialmente bueno de la acción consiste en la intención que a ella se lleva, sea el éxito el que fuere (Kant, 1797, IV, apud Cortina, 1989: IV, 416) Lejos está don Quijote de la moral kantiana —y protestante—, cuando afirma que «el agradecimiento que solo consiste en el deseo es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras» (I, 50) (CRL, 2017: 2879).

Pero esta bondad, este panfilismo, este idealismo kantiano poco pueden hacer frente a la fuerza interpretativa y transductora de quien ostenta y ejerce el poder:

La filosofía de Kant es falsificada y su amplio universalismo transformado en particularismo nacionalista. Así, por ejemplo, el Dr. Goebels afirma en su libro Signos de una nueva época que Kant formuló su imperativo categórico del modo siguiente: «Obra de tal modo que la máxima de tu vida pueda ser la máxima de la totalidad de tu pueblo». En realidad Kant no habla de tu pueblo, sino de «una ley universal», de la «ley universal de la naturaleza». «Obra según una máxima que tu puedas querer que se convierta en ley universal» [...] He ahí las palabras de Kant en su Metafísica de las Costumbres. Goebels equipara el concepto kantiano de lo universal y aun de la ley natural universal con el concepto nacional particularista del pueblo, en el sentido de la formula rosenberguiana «lo universal coincide con pueblo y raza» (Stern, 1942).

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5. Conclusión

Las conclusiones que presentamos en Stefan Zweig, ¿imperialista o cavernícola? Análisis del proyecto comparatista de Zweig a partir de los postulados de la Crítica de la Razón Literaria se dividen en cinco bloques: (1) un primer apartado en que presentamos las principales características del proyecto comparatista de Zweig (negación de la dialéctica, irenismo, finalidad soteriológica, retoricismos, un acendrado idealismo, no considerar lo gnoseológico, construir recurrentemente esquemas maniqueos e incurrir en contradicciones); (2) un segundo apartado en que analizamos las ideas comparatistas de Zweig entendidas como un corpus de filosofía oracular; (3) un tercer apartado en que interpretamos esta filosofía oracular a partir de las cuatro familias o linajes de la Genealogía de la Literatura que Maestro nos ofrece en la CRL; (4) una conclusión final de todo este recorrido en la que tratamos de resolver un falso trilema: ¿dónde cabe ubicar la razón literaria de Zweig: en el ámbito de la Literatura Primitiva o Dogmática, de una Literatura Programática o Imperativa o de una Literatura Sofisticada o Reconstructivista? Concluimos que, en realidad no hay tal trilema, sino un dilema: la caverna (Literatura Primitiva o Dogmática) o el imperio (Literatura Programática o Imperativa), y tratamos de justificar la solución que le damos.

 

6. Coda contemporánea

En esta última parte del libro apuntamos la idea, que deberá analizarse convenientemente, de que el éxito actual de las obras de Zweig puede responder a la debilidad de la fuerza transductora de los Estados europeos y a la pujanza del discurso posmoderno (que mezcla la libertad de conciencia, con la potencia psicológica del individuo y reduce lo gnoseológico a lo psicológico [es decir, que mezcla a Lutero, con Nietzsche y con Freud]) promovido por todo tipo de gremios (en especial, el gremio universitario de Letras), muchos de los cuales, no solo tienen la capacidad operatoria para elevar el irenismo soteriológico y retórico de Zweig a paradigma de lectura, sino que les conviene hacerlo para hacer frente a la norma canónica vigente.

 

7. Bibliografía[3]

 


Notas

[1] Todas las citas de Maestro pertenecen a la Crítica de la Razón Literaria. En adelante, nos referiremos a esta obra con las siglas CRL.

[2] Ver Rubinat, 2017.

[3] Únicamente aparecen las referencias citadas en este resumen.

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